Carlos Leaplaza: Solo la educación permitirá superar barreras
Profesional de la Secretaría de Desarrollo Humano municipal, por su trabajo de campo es uno de los que más conoce sobre la realidad nutricional de las comunidades ancestrales. En coordinación con el servicio de Atención Primaria de la Salud del hospital de Tartagal, su equipo trabaja en la detección de niños en riesgo nutricional. Carlos Leaplaza se refirió a la situación de los wichis, la comunidad cuyas mujeres y niños están en riesgo permanente.
¿Cómo coordinan el trabajo con el sistema de APS para atender a las comunidades?
Aunque cada organismo maneja sus estadísticas, coordinamos la tarea y coincidimos en que las comunidades de mayor riesgo son las que se ubican al costado de la ruta nacional 86. Las comunidades que pertenecen al municipio de Tartagal llegan a una distancia de 130 kilómetros hacia el este y la última es El Traslado. A las más alejadas llegamos por caminos vecinales ingresando por Coronel Cornejo. Cuando crece el río Itiyuro tenemos mayores dificultades.
¿Por qué los wichis son los más vulnerables?
Hay una conjunción de factores, pero a grandes rasgos podríamos decir que uno de ellos es la distancia, la inaccesibilidad al servicio de salud, a los servicios básicos como agua corriente, cloacas, electricidad. El agua a la que acceden es de los pozos de las escuelas, los alimentos tienen que comprarlo en los pueblos porque tienen beneficios como tarjeta social, jubilaciones, pensiones, asignación por hijo. En relación al agua, priorizan su utilización para el consumo y es por eso que es muy difícil implementar proyectos de huertas, por ejemplo. Quien no conoce la realidad que viven pueden prejuzgarlos porque no lavan su ropa, pero la realidad es que la poca agua de la que disponen la usan para beber y cocinar.
Por siglos vivieron de la caza, la pesca y la recolección...
Eso es lo fundamental en la cultura wichi, pero por diferentes razones, que serían materia de otro análisis, les queda poco monte. Por eso las familias emigran a las cercanías de Tartagal para dar respuesta a sus necesidades vitales. Eso hace necesario que desde el municipio se coordine con otras entidades que cuentan con el recurso humano, en tanto desde el municipio se trabaja para que tengan documentos, tarjetas sociales y se coordinan operativos con enfoque preventivo.
¿Por qué se siguen muriendo los bebés y nenes wichis?
Considero que es por la falta de alerta oportuna. Por su propia cultura confían mucho más en el curandero que en el médico o agente sanitario. Pero los equipos no podemos desconocer esa realidad. Muchos papás wichis nunca conocieron lo que es atención de salud, las mamás nunca fueron a un ginecólogo o un obstetra, por lo tanto una consulta que puede ser de rutina para cualquier mamá para ellos es totalmente extraña y directamente no la permiten. Por efecto de la emigración, quienes vienen de zonas muy alejadas es la primera vez que van a acceder a un servicio de salud que no conocieron nunca. El trabajo en educación es fundamental. La mayoría de los partos siguen siendo domiciliarios.
¿En qué etapa se dan los casos de desnutrición?
En general, los niños aborígenes hasta los 6 meses, por la lactancia materna, están bien alimentados, pero el problema mayor se presenta desde allí en adelante porque las mamás quieren darles de comer como si fuera un adulto. Quieren darle guisos y sopas, lo que trae como consecuencia diarreas, vómitos y consecuente deshidratación. Los educadores sanitarios les enseñan a hervir el agua y les entregan un purificador, pero sigue siendo difícil que tomen el hábito y así con muchas cosas. Por eso la salida está en la educación. Así como a las comunidades les es difícil llegar a los servicios, a nosotros por esa misma inaccesibilidad, pero en sentido contrario, también se nos complica poder brindárselos.

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