El lado oscuro del cambio de ministro
Luego de la conferencia de prensa de Alfonso Prat-Gay, la decisión de reemplazarlo en forma fulminante y sin gentilezas genera aún más dudas que en la víspera.
La crítica que se formula al gobierno de Mauricio Macri en forma más significativa se refiere a la falta de definiciones en torno de su verdadero proyecto.
Según el ministro saliente, las metas de este año ya "se han cumplido". Dentro del hermetismo oficial al respecto, puede ser que Prat-Gay conozca precisiones al respecto que no se hacen públicas. Como cuando el Presidente calificó con 8 (ocho) su gestión, queda la idea de que hay muchas cosas que no se dicen. Es probable que, del mismo modo en que Macri no abundó nunca en detalles sobre el zafarrancho económico que heredó del kirchnerismo, tampoco haya querido detallar demasiado que iba a llevar su tiempo recuperar la inversión en exploración de gas, recomponer la pérdida de millones de empleos genuinos, frenar la inflación sin recesión y reactivar la inversión.
La otra crítica generalizada es la dispersión de la energía en siete ministerios de economía.
Lo curioso es que uno de los más finos observadores al respecto venía siendo el flamante ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, quien en una columna publicada el martes de la semana anterior afirmaba que el "programa económico del Gobierno en 2016 consistió en revertir las extravagancias más notables del kirchnerismo". Dujovne señalaba que esos cambios por la negativa se agotaron y que ahora el Gobierno no tiene metas definidas en algunas áreas y no sabe comunicarlas, en otras. El economista pasaba revista minuciosa acerca de asignaturas pendientes, especialmente en materia de déficit fiscal y energía, y lo enmarcaba en la urgencia por brindar certezas a los inversores. Terminaba enfatizando que entre los dos superministros de los últimos treinta años, Cavallo y Lavagna, y la actual dispersión, hay un punto medio que se debería explorar.
Dujovne es un analista probadamente lúcido; ahora deberá mostrar sus condiciones para la gestión. Cuando se refiere a "superministro" está hablando de alguien con poder de decisión en toda el área. No le gusta la idea de que "lo que uno logra juntar lo malgasten entre siete". Su obsesión es el dispendio fiscal, por lo que para la visión generosa de los que dilapidaban sería un "profeta del ajuste". Para quienes creen en la necesidad de transmitir tranquilidad al sensible bolsillo de los inversores sería "un economista prudente" pero, ¿políticamente sustentable?
Por ahora no habrá superministros: desde que Dujovne escribió esa nota hasta hoy, no solo él se convirtió en ministro sino que, además, hay otra cartera económica.
Un detalle. La mala relación de Prat-Gay con el resto de los ministros o esa soberbia que lo torna antipático no explican el despido. Tampoco, debido a que es una gestión compartida, pueden achacársele fracasos específicos en su área donde, por el contrario, la salida del cepo, el acuerdo con los holdouts, el regreso al mercado financiero y el blanqueo resultan éxitos ponderables.
Cuesta resignarse a pensar que fueron cuestiones de cartelera.

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