Que los tartagalenses tengan una gran preocupación por el narcotráfico, cercana al desempleo en una región asediada por las faltas de oportunidades laborales, es todo un síntoma de que las autoridades no deberían dejar de atender.
Un 39% de las personas consultadas ubicó al desempleo como la principal preocupación y en segundo lugar quedó el desempleo, con 27%.
Los norteños encuestados en los barrios más postergados de la ciudad de Tartagal relacionan el narcotráfico directamente con lasadiccionesde los niños y de los adolescentes, flagelo que tiene a mal traer no solo a los criollos sino también a las comunidades aborígenes. Asocian el tráfico de drogas con los delitos porque, como ellos mismos lo relataron, al ser consultados "los jóvenes roban cualquier cosa con tal de tener un peso para comprar drogas".
Pero también lo asocian de algún modo a la corrupción y allí refieren los casos de policías vinculados a la venta de estupefacientes al menudeo. "Acá se vende droga porque la policía los deja; ellos son parte del negocio", afirmó un humilde poblador del barrio Tomás Ryan, de la zona sudeste de la ciudad, donde el consumo de drogas -en especial las más baratas pero a la vez las más perjudiciales como el paco- parece ser que llegó para quedarse.
Pero en una zona donde nadie sabe a ciencia cierta cuáles son los verdaderos índices de desocupación, o cuántos hombres y mujeres en condiciones de trabajar no encuentran una fuente de empleo, los tartagalenses se vuelcan masivamente a señalar como el principal problema que el Gobierno nacional debe resolver. "No hay trabajo", es la frase más escuchada en las comunidades barriales y en las misiones aborígenes de las afueras de la ciudad. También en la zona centro de Tartagal el tema de desempleo es una preocupación pero la mirada es diferente.
"Mientras no haya trabajo genuino la gente seguirá haciendo trámites para tener subsidios y así se pierde la cultura del trabajo", opinan los que tienen la dicha de tener un empleo.

A nivel provincial

Es la desnutrición -que golpea a los barrios más postergados y a las comunidades originarias- el tema más preocupante para los tartagalenses y es que, a pesar de la difusión de algunas campañas o planes para erradicar este flagelo que afecta en especial a los bebés y los niños de corta edad, los casos de desnutrición siguen siendo moneda corriente.
"Acá casi todos los chicos tienen bajo peso", explica una mamá que ya tuvo dos de sus hijos internados en el hospital Perón por este grave problema que condiciona el futuro de los niños pequeños.
Pero también es preocupación la inseguridad, asociada con el consumo de drogas, porque son las familias de los barrios los que padecen este problema.
"Acá de noche no se podía salir, ahora hasta de día hay que tener mucho cuidado porque las barras están esperando que pase una señora, una chica, cualquiera para quitarle lo que llevan. Hay que poner más policías", opina una mujer de barrio 9 de Julio, ubicado al oeste de Tartagal, uno de los primerosasentamientospoblacionales.

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Sección Editorial

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