Evolución del conocimiento geológico y minería
La primera semana de diciembre se llevó a cabo en Buenos Aires el II Seminario Minerales Metalíferos en la República Argentina y fui convocado a exponer en un panel sobre la formación académica profesional en las universidades en relación con los requerimientos de la industria minera moderna. Para ello tracé un panorama sobre cómo evolucionó el conocimiento geológico en relación con la minería.
Recordé que la primera clase de Geología en nuestro país fue dictada por el sabio italiano Pellegrino Strobel en 1865. Ello ocurrió en la antigua "Manzana de las Luces", que fuera el bastión de los jesuitas en el siglo XVIII. No hubo en aquella clase magistral aportes mineros sino más bien geológicos y paleontológicos. Tres años después Strobel volvería a Italia y en su lugar llegaría Juan Ramorino quien escribió unos "Rudimentos de Mineralogía", pensados para la enseñanza y siguiendo los conceptos de Ignacio Domeyko, un erudito polaco radicado en Chile.
La enseñanza de la geología en relación con la minería alcanza su desarrollo a partir de la segunda década del siglo XX, pero hunde sus raíces hasta tiempos precolombinos. El "Disco de Lafone Quevedo", una bellísima pieza de orfebrería metálica, es una prueba evidente del alto grado de sofisticación metalúrgica alcanzado por los pueblos prehispánicos de la actual Catamarca. Aquellos pueblos, anteriores a los incas, supieron encontrar menas minerales, fundirlas y crear piezas de gran valor ceremonial y artístico. Luego llegaron los incas, cuyos "amauta-
geólogos" y mitayos se encargaron de buscar, explotar y procesar metales preciosos a través de una fina orfebrería. Además lograron aleaciones, entre ellas bronces de gran dureza, que utilizaron en el minado de vetas y aluviones.
Pero el hecho que habría de cambiar la historia minera de América y del mundo fue el hallazgo del Cerro Rico de Potosí en 1545. Esta fabulosa montaña de metales argentíferos es la mayor concentración geoquímica puntual de plata en todo el planeta. Potosí se convirtió en una de las ciudades más populosas, ricas e importantes del mundo incluso superior a grandes ciudades europeas. Fue nombrada con el pomposo título de "Villa Imperial". Potosí, la joya del Alto Perú, generó un enorme comercio y fundación de ciudades en un radio de 1.000 km a su alrededor. El Noroeste argentino la abasteció de miel, cera, tejidos, carne salada y mulares; las misiones jesuíticas del Paraguay, de yerba mate como diurético; los valles de las Yungas de las valiosas hojas de coca, que fueron liberadas de su rol sagrado por el virrey Toledo para su uso masivo; y así sucesivamente cada necesidad era satisfecha desde cientos de kilómetros de distancia en un páramo inhóspito, desolado y frío.
García de Llanos en su diccionario minero de 1609, escrito en Potosí, tiene un 60% de términos indígenas que demuestran la antigedad del tema minero en las culturas precolombinas. No debe olvidarse que en el Cuzco, cuenta Pedro Cieza de León, se encontraron 300 barretas de un bronce duro que eran utilizadas en minería. Los viajeros llegaban con profusión al Potosí al punto que diera lugar a la frase de Fray Reginaldo de Lizárraga: "Quien no ha visto Potosí, no ha visto las Indias". Potosí se convirtió en sinónimo de plata y disparador de topónimos varios como nombres de ríos (Río de La Plata), sierras, ciudades (La Plata), países (Argentina, por argentum), etcétera. Pero Potosí va a ser importante por algo más y es que en el siglo XVIII se crea una Academia de Minas y Metalurgia.
Un antecedente fue la obra de Álvaro Alonso Barba y su libro "El Arte de los Metales" (1640), escrito en base a su experiencia geológico-minera en el Potosí. Esta es una obra emblemática porque es el fruto de más de medio siglo de observaciones de ese fraile y es análoga a "De Re Metallica" de Agrícola, pero difiere en que trata las cosas de América. La academia era el ámbito de investigación y enseñanza.

Sarmiento y la minería

Precisamente otra academia, en Alemania, la Academia de Minas de Freiberg, sería la cuna y raíz de las ciencias geológicas y mineras de Argentina. Ello en razón de que el presidente Sarmiento encargó a Burmeister contratar estudiosos centroeuropeos para la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. De Freiberg vendría Alfred Stelzner, "padre de la geología argentina", quien relevó 30 minerales, recorrió varias provincias del Cuyo y NOA, definió las Sierras Pampeanas, bautizó a las andesitas y estudió las minas de la región. Junto a Stelzner llegaron otros naturalistas que también hicieron su aporte como el químico Max Siewert que realizó análisis de minerales, rocas, aguas y petróleos.
A Stelzner lo sucederá Ludwig Brackebusch que estudió la geología andina desde Córdoba hasta Jujuy, especialmente las Sierras Pampeanas y el sistema andino. Describió un centenar de minerales en su clásica obra "Las especies minerales de la República Argentina", que se enriqueció con múltiples ediciones a lo largo del siglo XX. La enseñanza de la minería en Córdoba tuvo además entre sus cultores a Guillermo Bedenbender, Roberto Beder, Juan Olsacher, Carlos Gordillo, Hebe Dina Gay y otros.
En Buenos Aires el primer título de geólogo y de doctor en Geología lo trae de Upsala (Suecia), el Dr. José María Sobral quien estudió rocas y minerales del escudo escandinavo. Al llegar al país fue nombrado en la Dirección Nacional de Geología y Minería, donde llegó a director, y cesó con el golpe militar de 1930. Luego fue director de YPF hasta su jubilación.
Los tres primeros geólogos argentinos, egresados en el país, fueron el Dr. Franco Pastore, con importantes aportes a la geología, petrología y mineralogía; el Dr. Juan José Nágera que se especializó en geografía física, y la Dra. Edelmira Mórtola, "madre de la mineralogía argentina", que estudió minerales de todo el país y escribió un texto clásico y de culto en la materia. De esa línea proviene una de las más destacadas mineralogistas del país, la Dra. Milka K. de Brodtkorb.
Valle Menéndez sostenía que "la minería se apoya en los conocimientos geológicos y han sido ciertamente las minas, la principal y más antigua de las escuelas geológicas". Es precisamente el tema de las minas, móvil económico de la conquista y luego de la colonia, el que llevó a desarrollar los conocimientos geológicos. Sin embargo, a lo largo del siglo XX el conocimiento del mundo inorgánico se fue volcando hacia la estratigrafía, la paleontología, la tectónica.
En la actualidad se dicta geología en unas 15 universidades argentinas distribuidas desde Jujuy hasta la Patagonia y muchas de ellas con una fuerte currícula minera. En general los programas de enseñanza contemplaban medio siglo atrás numerosas materias mineras anuales (ej., Yacimientos Minerales, Geología Económica y Minera, Geología de los Combustibles Sólidos, Tratamiento de Minerales, etc.), y se han visto reducidos a materias cuatrimestrales que abarcan los aspectos que antes estaban desglosados en cursos separados. Algunas universidades del eje andino, por historia y por su proximidad geográfica a yacimientos mineros, conservan algunos contenidos o los complementan en cursos optativos. A pesar de los esfuerzos académicos de profesores y alumnos interesados, los programas de estudio no siempre acompañan a la realidad de la nueva minería, entendiendo a ésta como la definiera el Ing. Geól. Dionisio Garzón Martínez, exministro de Minería de Bolivia, quién sostiene que: "La minería contemporánea es global, de alta tecnología, amigable con el medio ambiente, de alta gerencia para asegurar adecuadas rentabilidades y de economías de escala que permiten explotar grandes volúmenes de material mineralizado, aún de contenidos metálicos muy bajos e integrar las operaciones extractivas al circuito industrial".

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