Finlandia se reinventa con la educación
Mientras la mayoría de los países altamente desarrollados, empezando por Estados Unidos, buscan enfrentar las consecuencias negativas de la globalización, generadas por el desplazamiento de las inversiones de sus grandes empresas a los países emergentes, en particular a los asiáticos y en primer lugar a China, Finlandia parece haber encontrado una respuesta a ese desafío, a través de una nueva oleada de innovación tecnológica que apunta a colocar a la pequeña nación del norte de Europa en el pelotón de vanguardia de la economía mundial.
Finlandia, con una población de apenas 5.400.000 habitantes, está en la primera línea mundial en la industria celulósica, equipos médicos y otros rubros de alta tecnología.
El país invierte un 3,5% de su producto bruto interno en investigación y desarrollo (uno de los porcentajes más altos del mundo) y tiene más investigadores que la mayoría de las naciones desarrolladas. Sus institutos de investigación son financiados en un 55% por el Estado, que también respalda los parques científicos y centros de innovación que impulsan la creación e internacionalización de pequeñas y medianas empresas ("start-up") de alta tecnología.
Las pequeñas empresas tecnológicas finlandesas concitan la atención de los inversores internacionales. Según cifras oficiales, operan en el país alrededor de 4.000.
Finlandia reúne solo el 4% de la población europea pero alberga a una cuarta parte de las "start- up" del continente. Supercell, gigante de los videojuegos, Enevo, especialista en el "internet de las cosas", y BlueprintGenetics, pionero en tecnología médica, son tres ejemplos de compañías emergentes extraordinariamente exitosas. Solo en 2015 los nuevos emprendimientos tecnológicos finlandesas atrajeron inversiones de capital de riesgo por unos 1.200 millones de dólares.
Significativamente, los jóvenes estudiantes, acosados por el aumento del desempleo y la carencia de horizontes laborales atractivos, son el núcleo impulsor y propagandístico de este pujante movimiento emprendedor, que se extiende hasta las pequeñas ciudades alejadas de Helsinki, como Turku, cuya red universitaria de jóvenes emprendedores Boost Turku ya alcanzó relevancia internacional.
Desde 2008, en Finlandia tiene lugar anualmente la SlushConference, una de las ferias tecnológicas más importantes del mundo, promovida por un grupo de técnicos de Nokia que acababan de perder su trabajo en el dramático achicamiento iniciado por la compañía.
En su última edición, celebrada a fines de noviembre, participaron 2.000 empresas. En su inauguración, hace ocho años, el evento congregó a un centenar empresarios. Este año asistieron 20.000.
La iniciativa resultó notablemente exitosa en diferentes planos. Marianne Vikkula, directora ejecutiva de Slush, señala: "La mayor consecuencia que se ha producido es, sin duda, el cambio cultural. Sólo hay que mirar cómo ven los medios de comunicación hoy en día a los emprendedores. Es incluso más evidente en la gente joven. Su objetivo es dirigir su propio negocio".
Vikkula agrega que "Finlandia tiene hoy la tasa más alta de Europa de inversión inicial de capital de riesgo en proporción a su producto bruto interno. Muchos de esos contratos se establecieron en Slush".
"De 2013 a 2015, las reuniones de Slush tuvieron como resultado más de 600 millones de dólares para financiar empresas emergentes", concluye.

Huir hacia adelante

Este relanzamiento económico, basado en una apuesta a la innovación, es resultado de una crisis. La economía finlandesa sufrió severos contratiempos a partir de la crisis financiera internacional de 2008. La caída en la industria del papel, provocada por la baja en la venta de diarios, afectó sensiblemente el nivel de empleo y las exportaciones, con un impacto negativo que hizo más visible la dificultad estructural de sostener a un Estado de bienestar particularmente oneroso: el gasto público asciende al 58% del producto bruto interno, contra el de por sí elevadísimo promedio europeo del 47%. Con una singularidad: en el abultado presupuesto público, hay una fuerte inyección de fondos hacia el desarrollo tecnológico y la educación ocupa un lugar absolutamente prioritario.
Pero el punto de inflexión fue el declive de Nokia, la compañía más importante e internacionalmente reconocida de Finlandia, que según el Instituto de Investigación Finlandesa había sido responsable del crecimiento del 25% del producto bruto interno entre 1998 y 2007. Nokia llegó a vender el 40% de los teléfonos móviles que se usaban en todo el mundo, pero en los últimos años fue perdiendo espacio por la irrupción de los "smartphones" y su incapacidad de respuesta al salto cualitativo que significó la aparición del iPhone de Apple."Steve Jobs se llevó nuestros trabajos", fue la queja característica para explicar la debacle.
El estallido final en la que bien podría definirse como "empresa de bandera" de Finlandia tuvo un día preciso: el 25 de abril de 2014 se consumó la venta de la división de telefonía móvil de Nokia a la estadounidense Microsoft.
A partir de entonces, Nokia optó por reinventarse y Finlandia, que ya había empezado ese camino, redobló sus esfuerzos en esa misma dirección.
La compañía pasó a centrarse en el negocio de la infraestructura de las telecomunicaciones. A fines de 2015 compró la mayoría de las acciones de la empresa francesa Alcatel por una cifra cercana a los 18.000 millones de dólares.
Esa reconversión acelerada implicó un drástico recorte de personal. De los 130.000 trabajadores que empleaba en 2010, el plantel se redujo a 56.000 empleados. El desempleo comenzó a incrementarse hasta situarse en el 9,4%. La Agencia de Investigación Económica de Helsinki aseguró que "a la reducción de Nokia cabe atribuir un 20% de la reducción total del empleo entre 2008 y 2014".
Pero los finlandeses, que habían comprobado el axioma de que "toda fortaleza encierra una debilidad", comprobaron también la contrapartida de que "toda debilidad encierra una fortaleza". Los miles de profesionales altamente calificados que Nokia fue dejando sin empleo en su proceso de reestructuración fueron el sustento de las nuevas empresas tecnológicas.
Obvio resulta señalar que esta potencialidad no surge de la nada: el sistema educativo finlandés está considerado uno de los mejores del mundo.Sus resultados están a la vista: mientras la Unión Europea se debate en su crisis, Finlandia se reinventa mirando al futuro.

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