Delfina Oliver creció entre artistas.
Sus tías abuelas paternas, “las señoritas Sandoval” profesoras y directoras del conservatorio Thibaud Piazzini, en el que, por ejemplo, estudió Charly García, la sentaron frente a un piano cuando tenía 3 años, porque a ellas nada les gustaba más que ver y oír a la niña sacándole música a un piano de cola de 1945. Sus padres, aunque arquitectos, son grandes amantes de la música clásica y popular argentina. Por el lado materno, la abuela Verónica Sáenz Medina fue la primera dama joven de la compañía de teatro de Lola Membrives.

Todo parecía dispuesto para que aquella niña fuese concertista de piano. Ese parecía ser el designio y el deseo de sus mayores. Sin embargo, la pequeña Delfina sentía que el piano la ataba, que había un obstáculo entre el público y ella. Igual seguía con las clases, pero a los 15 empezó a sumar a los clásicos, el rock y el pop. Adolescente, entonces, se fue a estudiar con César Banana Pueyrredón, y también comenzó a cantar; ya había escuchado a Ella Fitzgerald y se perfilaba. Por eso se presentó en una audición en la calle Corrientes para una obra de teatro. La tomaron para un rol de cantante. Cuando subió al escenario supo que era el lugar que más le gustaba.

Sumarse a la movida salteña

¿Qué tiene el jazz que te enamoró? 

La libertad. Yo empecé con personajes pequeños, actuando y cantando en comedias musicales. Eso me encantaba pero sentía que no me gustaba cantar la misma partitura de martes a domingos, necesitaba un espacio abierto, creativo. Por eso, un día fui a audicionar con una banda de rock y me tomaron. Ahí tocaba el gran saxofonista Ricardo Cavalli, quien me dijo que lo que me venía bien a mí era el jazz. Yo había escuchado a Ella Fitzgerald y me encantaba pero no me interesó saber qué género era. El me grabó un casete con las grandes cantantes, Nina Simone, Carmen Mcgray, Betty Carter, Chet Baker, Sara Bogard, Billie Holiday. Las escuché y me volaron la cabeza, pregunté adónde se podía estudiar eso; Ricardo me mandó al mismo conservatorio donde yo estudiaba con Banana Pueyrredón. Allí empecé con Jorge Cutello, gran músico, y Tato Turano, otro grande. Al poco tiempo me contrataron para cantar en su grupo. En el Café Mozart tocamos muchos años y fue como un curso acelerado de cantar con público adelante.

¿Hay un sólo jazz o puede hablarse de un jazz argentino?

El jazz argentino tiene muchos elementos de las distintas músicas de fusión. En Salta hay una movida muy interesante del Jazz Calchaquí. Me gustaría mucho venir a Salta para sumarme a esa movida que tiene tan importantes músicos, por ejemplo con el pianista Daniel Tinte. Lo que tiene de interesante y de enriquecedor el jazz es la libertad para improvisar y para fusionarse.

Ahora, otra vez Buenos Aires

Delfina está de vuelta de Japón, luego de trabajar allí cuatro meses; es el segundo año que canta para los nipones. En 2012 cantó en el New York Bar, (donde se filmó la película “Perdidos en Tokio” de Sofía Coppola). Ahora, actuó en un local del Hotel Hyatt, donde una noche apareció imprevistamente Lady Gaga, quien pidió a los músicos de Delfina que la acompañaran en unos temas.

De regreso a Argentina, y antes de iniciar una apretada agenda en Buenos Aires, descansó unos días en Salta con su esposo.

El 19 de octubre cantará en el cierre del Festival de Jazz de San Isidro. Ofrecerá con un show al aire libre en el Hipódromo de San Isidro, con una orquesta de 18 músicos, la Artistry. También la convocaron desde el Centro Cultural San Martín para el ciclo Jazzología y el 23 de noviembre cantará en el Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires.
Delfina lanzó su primer disco “Miradas”, en 2005; cinco años después,
grabó “Caminos”. Fue distinguida como “Mejor cantante de jazz” en 2005 por el diario La Nación, y considerada “Nueva voz del nuevo jazz argentino” por Clarín, también en 2005.

Hará un show en Salta, en noviembre

Freddy, esposo y manager de Delfina, trabaja en la organización de un concierto en Salta. “Estamos definiendo fechas pero quizás sea a principios de noviembre. Será una cena show”, anticipó la cantante. 

Y agregó que también están trabajando para generar un festival anual de jazz en Salta, “que sea estable, que perdure más allá de los gobiernos. No puede ser que esta ciudad, con los músicos que tiene, con la riqueza cultural que la caracteriza no tenga ese festival como tienen la mayoría de las capitales argentinas”

Asuntos de familia

Delfina se casó en marzo de este año, con un salteño que vive en Buenos Aires, Freddy Ponce de León, a quien conoció a fines de 2010, mientras grababa mi segundo disco “Caminos” (elegido el disco de jazz del año por el diario La Nación).

Fue en esa fiesta donde ocurrió el primer encuentro entre la mediática actriz porteña Florencia Peña con quien desde entonces es su pareja, Ramiro Ponce de León (hermano del flamante esposo). Delfina conoce a Flor hace muchos años, desde que alguna vez compartieron un escenario.

Por parte de los Oliver, Delfina no tiene familiares en Salta. Sin embargo, todo por gracia del jazz, conoció a un Oliver, Martín, dueño de un pub en Cachi, pero no tienen parentezco. En cambio, la unen lazos con la familia González Bonorino; el apellido de su abuelo paterno es Oliver González Bonorino, casado con doña Delfina, de donde tomaron su nombre.

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