Pablo Juárez - Federico Medaa

Sus huellas de plegarias y esperanzas quedaron asentadas por cada pueblo que atravesaron. Caminaron 13 días, a lo largo de 520 kilómetros. Arribaron con peticiones sencillas, que evidencian la falta de oportunidades, la pobreza y las necesidades que imperan en los lugares que habitan, como Santa Victoria Oeste y otros poblados que subsisten en las montañas. 
Ayer, pasada las 17, llegaron unos 300 fieles a la Catedral Basílica. Se trata de la peregrinación más larga del país, y la más dificultosa. El trayecto tiene ríos de quebradas, alturas de cinco mil metros sobre el nivel del mar; y bajo sus espaldas recae todo tipo de tiempo: ese frío que penetra los huesos y el calor que hace pesado hasta el respirar. 


Partieron el primero de septiembre. Los que iniciaron la caminata no llegaban a 30, pero a lo largo del camino contagiaron su fe y sumaron a más personas. Al ingresar a la plaza 9 de Julio, el cansancio propio de quien hace tal esfuerzo físico durante casi dos semanas se esfumó. 
“Así se alaba a Dios, pero qué lindo se ve el pueblo de Dios, maravilloso se ve el pueblo de Dios”, cantaban enérgicamente a los saltos. Su fe les borra, al menos eso demuestran, las dolencias que quedaron grabadas en sus pies. Ahora deben esperar a mañana, para decir otra vez presente cuando salgan en procesión las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro. 
Sus peticiones hablan de paz, salud, trabajo y un mejor mundo. Lucía Arias desata su emoción al ver la Catedral. Una de sus trenzas perdió rigidez y los cabellos rozan sus lagrimas. 
“Vine a caminar para que mis hijos estudien, que no sean como yo. Vine para que salgan adelante”, se emociona más. La intensidad de su voz mezcla esperanza y lamento. “Mis nietos están sin padres”, agrega. 
En otro sector, Facundo Vilca, uno de los más jóvenes, agiliza su caminar para poder entrar al centro de la capital salteña. En su narración habló de una peregrinación dura por el desgaste físico que implica andar al nivel de las nubes. Su demostración de fe viene con pedidos de trabajo y salud para toda su familia.

 

70 mil almas
Según estimaciones oficiales, se espera este año a unos 70 mil peregrinos. “Fue maravilloso cruzar las montañas, una experiencia extraordinaria. Cada uno de mis pasos los di por mi salud”. Claudia agita un pasacalle que embandera a la peregrinación. “¡Que viva Cristo, que viva Cristo!”, entona. “No tengo voz de tanto cantar”, dice.
Carlos es otro de los hombres que se sumó a la hazaña de aquellos que vienen desde el límite con Bolivia. “Hace falta pedir por la Patria. Nadie quiere hacerse cargo de sus deberes”, expresa. Los salteños y turistas se entusiasman al verlos. Se enciende un masivo y efusivo aplauso, incluso los saludan con claveles y pañuelos. Es que son los protagonistas de esta celebración religiosa. 
Ni bien los integrantes del contingente que partió desde Santa Victoria ingresaron al templo Oeste, los parlantes anuncian la llegada de otro grupo, esta vez desde el sur. 
En bicicleta, arribaron fieles desde El Galpón. Un sacerdote les da la bienvenida y los bendice. 
A los instantes, vecinos capitalinos que partieron desde el vertedero San Javier hacen su ingreso a la plaza 9 de Julio. Entre ellos también hay plegarias que brotan de situaciones críticas. 
“Vine porque mi hijo es adicto a las drogas. Es el segundo año que comparto esta peregrinación. Quiero que se recupere”. clama, esperanzada, Fabiola.
 

 

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Debe iniciar sesión para comentar

Importante ahora

cargando...