Una nueva oportunidad
Se ha iniciado una nueva etapa en la vida democrática de nuestro país. Buena parte de la sociedad entendió que se necesitaba un cambio, no solo en las formas, sino también en los métodos con los que hasta aquí se venía gobernando la Nación, votando y proclamando presidente a Mauricio Macri.
Otra gran parte de la sociedad a la vista está el resultado del primer balotaje de la historia argentina- votó por seguir en el mismo rumbo, aunque por la personalidad de quien fuera el contendiente del actual presidente, buscando más diálogo y moderación. Nos referimos a Daniel Scioli. Aquella conducción autoritaria y cada vez menos democrática (el "vamos por todo") hartaron y cansaron a la gran mayoría.
Difícil tarea le toca al presidente Macri, ya que ante la urgencia de la gestión de gobierno, debe tratar de no desenfocarse de los temas realmente importantes, los cambios estructurales necesarios para terminar con la corrupción, la decadencia casi sistemática de la educación pública, la destrucción de la cultura del trabajo, la necesidad de industrializar el país para tener en serio un desempleo bajo y ponerle un freno a la infiltración de la droga en todos los estamentos de la sociedad y del Estado.
Hablábamos de la urgencia de la gestión del nuevo gobierno, parada brava para el nuevo presidente. Recién en estos días estarán tomando cuenta de la real situación en las que quedó el Estado. Solo a modo de ejemplo, tanto el Banco Central de la República Argentina y la ANSES, dos organismos con funciones específicas, que fueron mal utilizados para financiar al Estado, han quedado en una situación crítica. Ni hablar de la tremenda emisión monetaria, que trajo aparejada esta inflación que nos come el bolsillo a todos. Y todo por la tozudez de dos o tres "decisores", soberbios ellos, que no quisieron sentarse a dialogar con buena fe, explicar la situación del país, y darle una solución a los holdouts (buitres ellos, sí). Pero era la única solución para acceder al necesario financiamiento internacional; y no dejar casi en situación de quebranto al BCRA y a la ANSES (nuestros jubilados pagando ese costo).
Sin duda alguna hay que seguir protegiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad, pero no para mantenerlos en la pobreza, dominados, sino para sacarlos de ella, y que haya realmente igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos.
Fue un hecho que la expresidente Fernández no solo no quiso hacer una transición ordenada tal como sucede en los países normales, sino que hizo todo lo posible para dejar tierra arrasada a su paso. También flaco favor le hizo a la democracia argentina al no cumplir, no solo con la ley, sino también con principios básicos de convivencia democrática, al no asistir a la jura del nuevo mandatario y entregarle simbólicamente los atributos de mando; y ordenar a "sus" diputados (no nos olvidemos que son representantes del pueblo de la Nación), que no se encuentren presente en la Asamblea Legislativa. Justo ahora que necesitamos unirnos como sociedad, terminar con esta división absurda que nos impusieron y nos hicieron creer.
Debemos intentar llegar a los consensos básicos que nos permitan instituir políticas de Estado, que trasciendan personas y gobiernos, definir un modelo de país entre todos, para parecernos un poco más a países como Uruguay y Chile, y un poco menos a Venezuela. Pero no nos equivoquemos nuevamente, ya sucedió en aquella "Mesa de Diálogo Político" que impulsara el expresidente Duhalde, a la que todos concurrieron pero solo con exigencias para sus sectores, y ningún tipo de renunciamiento patriótico, ni un sacrificio, que todos vamos a tener que hacer para salir de esta acuciante situación en la que quedó el país. Emulando a aquel presidente que tuvieron los EEUU, John F. Kennedy, es hora de dejar de preguntarnos qué puede hacer la Argentina por nosotros y empezar a pensar que podemos hacer nosotros por nuestra república.
Y que nuestros gobernantes empiecen a entender que "en política no se hace lo que se quiere o lo que se puede, sino lo que se debe". Es la hora de buscar en cada acción de gobierno el bien común, y no beneficios personales para aquellos que solo piensan en su "carrera política". A dejar de gobernar mirando encuestas, sino pensando en el bienestar general, que muchas veces lleva a tomar medidas que pueden ser percibidas en un principio como "antipáticas", pero que a largo plazo es el camino que nos llevará a un desarrollo sostenido y por ende a una mejor calidad de vida para todos los ar gentinos, y para todos aquellos que quieran habitar nuestro suelo.

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