Una patología preocupante
Una de las cuestiones peor reguladas en la legislación laboral argentina es la referida al ausentismo por enfermedad de los trabajadores. Nos atrevemos a asegurar que es la situación que genera más conflictos cotidianos en el seno de las empresas.
Ya nos hemos ocupado (y nos volveremos a ocupar) de la inexistencia de un procedimiento adecuado y de órganos imparciales que constaten rápidamente, la existencia (o no) de la enfermedad invocada por el empleado.
Por lo pronto debemos recordar que en la problemática de la salud es la sociedad toda la que debe tomar cartas en el asunto. No puede quedar librada a la discusión entre un empresario y sus trabajadores la cobertura de una situación que interesa a todos.
Desde el punto de vista de la imputación jurídica no resulta muy claro por qué a un empleador se le atribuye responsabilidad de cobertura de sueldos por una simple gripe y también cuando un trabajador se fracturó una pierna en medio de una borrachera, contrajo sífilis en un prostíbulo o inclusive resultó baleado al ser autor de un intento de robo.
Es por esta razón que muchos países ponen a cargo del sistema de seguridad social la cobertura de las licencias por enfermedad.
Pero, yendo al título de esta nota, en los últimos años se ha manifestado -con desbordante intensidad- una patología preocupante. Se trata de una enfermedad compulsiva que están sufriendo algunos profesionales de la salud, particularmente los médicos psiquiatras y los licenciados en psicología. Se trata del irrefrenable impulso de otorgar certificados médicos a diestra y siniestra, sin la menor constatación de la veracidad de las dolencias que le atribuyen al paciente. La estrella aquí se llama "síndrome de depresión reactiva", que nadie sabe bien qué es pero sirve para calmar las ansias de cualquier necesitado de una certificación que justifique sus inasistencias.
Es notable que en materia judicial la caracterización y evaluación de una determinada condición de trabajo puede significar extensas medidas probatorias que incluyen pericias, testigos, inspecciones oculares, etc. Sin embargo, estos profesionales de mentes suprahumanas pueden intuir, a partir de simples embustes que le transmita el paciente que las condiciones laborales son incompatibles, recomendando un reparador reposo de 15, 30 días (por menos que eso no gastan un R/P). Por otra parte, la psiquiatría no es una ciencia exacta (opiniones autorizadas sostienen que ni siquiera tiene rango científico) y se mueve más en forma conjetural que asertiva. Muchas veces la falta de trabajo que implica ese "reposo" puede resultar contraproducente para el paciente.
Uno de los más renombrados filósofos y teóricos de la ciencia del siglo pasado, Sir Karl Popper, cita como ejemplos de seudociencias al psicoanálisis y a la astrología. El reconocido médico norteamericano Julian Whitaker comentó: "Cuando los psiquiatras etiquetan a un niño o adulto, etiquetan a la persona por los síntomas. No tienen un diagnóstico patológico, no tienen un diagnóstico de laboratorio, no pueden mostrar ninguna diferencia que pudiera respaldar el diagnóstico de esas "enfermedades'' psiquiátricas. Mientras que al tener un ataque cardiaco puedes encontrar la lesión; si tiene diabetes, el nivel de azúcar en la sangre es muy alto; si tiene artritis, se podrá ver en los rayos X. En la psiquiatría, solo es emplear una bola de cristal, adivinar el futuro; no tiene nada de científico".

Consultas: 20 de Febrero 722,
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155720505 o escribir a:
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