El 21 de noviembre de 1961, el gobierno del presidente Arturo Frondizi intervino la provincia de Salta, ad referéndum del Congreso Nacional. Y se vió obligado a utilizar decreto, porque el parlamento dilató exprofeso el proyecto de ley que había remitido el 3 de noviembre de 1961.

En sus fundamentos, el Ejecutivo Nacional arguyó: “Que era necesaria y urgente la adopción de tan grave medida, por la existencia notoria de un estado de perturbación e inquietud que ha conmovido la opinión pública”. Y más adelante agrega: “Que es opinión general del país, expresada por órganos de prensa, autoridades de partidos políticos y diversas entidades, que la proyectada intervención es la única manera de sacar a Salta de la crisis institucional en que se encuentra...”.

La verdad es que no existía tal crisis institucional. Lo que había era una dura oposición encabezada por el diario El Intransigente y por un sector interno de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP), facción que luego fue expulsada de ese partido. Ambos lograron articular, a nivel provincial y nacional, una eficiente campaña de desprestigio contra la gestión de Biella. Pero bueno es señalar que, pese a los dimes y diretes y a los ilícitos mencionados por el decreto nacional, nunca nadie concretó una sola denuncia que haya puesto en tela de juicio la honradez y la capacidad del gobernador Biella.

Sin embargo, Arturo Frondizi, al igual que lo hecho un año antes en Córdoba, cedió a las presiones cívico-militares del momento y entregó sin miramiento las cabezas de sus viejos compañeros de intransigencia: Zanichelli en Córdoba primero, y después a Biella en Salta.

Fue tan injusta la interrupción del mandato del gobernador Biella que hasta un legislador de la oposición, el senador por Cerrillos don Francisco Martín Pardo, renunció a su banca cuando el 3 de noviembre se enteró del proyecto del Ejecutivo nacional. Sostuvo que era “un avasallamiento a la autonomía de Salta” y renunció indeclinablemente al escaño que había logrado en 1960. Era una postura claramente opuesta al sector interno del radicalismo del pueblo liderado por el Dr. José María Saravia y Pablo Outes.

El mensaje de Biella

Un día antes de que Salta se interviniera por sexta vez, el gobernador Bernardino Biella dirigió un mensaje radial a todo el país. Y por primera vez puso las cosas en su lugar: “Ante la enconada campaña de desprestigio -señaló- iniciada por oscuras fuerzas, tengo el deber de hacer conocer, al pueblo de la República, la verdad alrededor de la zarabanda publicitaria más grande de los últimos tiempos. Salta es una de las más difíciles de gobernar por ser el reducto más poderoso de la oligarquía, que se manifiesta en una enconada y tenaz oposición...”.

Y agregó: “Estos pequeños pero poderosos grupos, al servicio de los privilegios, se han visto en esta oportunidad favorecidos por el apoyo obtenido de algunos hombres pertenecientes a respetables instituciones...”. Más adelante confesó: “En los primeros tiempos de mi gobierno se lo vituperaba, calificando a sus autoridades de ineptas e irresponsables. Ahora se apartaron de sus monsergas anacrónicas y emplean las armas más execrables. Confieso mi error al confiar en el espíritu de justicia de algunos hombres y en no haber salido al cruce, a tiempo, a esta deleznable campaña. Mi silencio prudente ha resultado duramente lesivo para la provincia. Debo admitir mi inexperiencia para luchar contra la infamia. No es mi arena la pestilente ciénaga”.

Denuncia de Biella

Y al momento de buscar responsables de la campaña de difamación, Biella acusó: “Denuncio en primer lugar, al poderoso grupo de la oligarquía salteña como el cerebro de esta turbia maquinación”


“En segundo lugar, responsabilizo al comandante del IV Ejército (Salta), general Edgard Landa, como el hombre que, una vez más, pretende imponer su voluntad al margen de la norma legal y apartándose de sus fueros. Al hacer su aparición en Salta, y a poco de llegar, me envió una nota que guardo, requeriéndome la separación de 25 funcionarios, considerados por él, como comunistas. A la mayoría de ellos, calificados de comunistas con tanta liviandad, los he visto actuar muchos años en las filas del radicalismo, luchar contra el fraude o el despotismo, exponiendo muchas veces sus vidas, la tranquilidad de sus hogares y, como ahora, hasta su honra. Bueno sería conocer la actuación del general Landa en esos mismos años.

Si me hubiera dejado ganar por mis pasiones, podría haber accedido a los pedidos del general Landa y eliminar de sus cargos a varios ciudadanos incluidos en la lista. Pero respetuoso de la dignidad de las personas y por mis propias convicciones de honestidad, rechacé de plano esas exigencias. Desde entonces, el gral. Landa, en lugar de dedicarse a sus funciones, recibió frecuentes visitas de los enemigos del gobierno e interfirió el accionar de la Justicia, citando jueces a su comandancia”.
 

Otra fuerza

La acusación no se agotó con el gral. Landa. Involucró también a los comandantes de Gendarmería, “quienes, entendidos con un juez, actuaron con arbitrariedad en los procedimientos, deteniendo al subsecretario de Gobierno Olber Domenichelli, y al sec. gral. de la Gobernación, Ing. Biella. Pretendiéndose con ello, tener enjuiciado al gobierno y mezclarlo con la droga. Ni el agravio ni las amenazas habrán de acoquinarnos”.
Las dificultades nos dan más valor y confío que la verdad terminará por imponerse”. Y así fue, a poco: la verdad se impuso y don Biella vivió hasta el final siendo respetado por su honorabilidad y don de gente.

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