Hace cincuenta años, en septiembre de 1962, un enfrentamiento armado entre militares (azules y colorados) puso al borde de la guerra a las provincias de Salta y Jujuy.

El enfrentamiento venía de lejos, de cuando se pusieron de acuerdo para deponer a Perón (1955), sin coincidir en cómo aniquilar al peronismo. Siete años después, aún compartían cuarteles los que reivindicaban al general Lonardi y los que se habían alzados contra su frase “ni vencedores ni vencidos”.
El tiempo había pasado pero en 1962 las diferencias eran más profundas. Se acusaban ambos sobre cuestiones referidas a Frondizi, al peronismo y a los comisos de marzo de ese año. Finalmente las presiones y los “planteos” militares terminaron con la anulación de esas elecciones y con el derrocamiento del presidente Frondizi, el 29 de marzo de 1962.

Pero la puja entre azules y colorados les jugó una mala pasada al momento de desplazar a Frondizi. La posición del primer mandatario que aún en Martín García repetía: “No me suicidaré, no renunciaré y no me iré del país”, llevó a los uniformados, liderados por el comandante del Ejército, general Raúl Poggi, a llevar adelante una larguísima negociación que terminó por agotar al general golpistas, quien al filo de la medianoche del 29 de marzo se retiró cansado a dormir y sin asumir formalmente el poder.
Al día siguiente, el 30 de marzo, el general Poggi, líder del movimiento victorioso, se presentó al alba en la Casa Rosada para hacerse cargo del gobierno, pero en la puerta se enteró de que le habían birlado la dama. Un civil, el doctor José María Guido, había asumido la presidencia mientras él dormía jurando ante la Corte Suprema.
¿Cómo fue eso? Sencillo, mientras Poggi dormía plácidamente, el ministro de la Corte, Julio Oyhanarte, en una maniobra harto traviesa y apoyada por los milicos “legalistas” o azules, gritó: “Eureka! Acefalía, acefalía”. Y fundamentó: “Por ausencia del presidente debe asumir el vicepresidente primero del Senado”. De inmediato invitaron a José María Guido, senador por Río Negro, para que jure. Era el primero en la línea sucesoria, según ley Nº 252. Y lo hizo sin dudar.
Indignación

El general Poggy, furioso por la maniobra, llevó el asunto al seno del Ejército pero el planteo le resultó adverso. Los “legalistas”, liderados por el general Onganía, impusieron su criterio y Guido se quedó nomás en la Rosada. Eso sí, debió firmar un documento de 19 puntos.
Debía anular formalmente los comicios ganados por el peronismo y anunciados por Frondizi la noche de la derrota, clausurar el Congreso, reprimir al peronismo y al comunismo, y adoptar ciertas medidas económicas, entre otras cosas.
Pero si bien azules y colorados solucionaron el reemplazo de Frondizi, aún les quedaban cuitas por resolver. Detrás de Guido continuó la puja por el poder y ambos sectores se distanciaban cada vez más.

Cambios en el Ejército
La estratégica Secretaría de Guerra la ocupaba un “colorado”, el general salteño José Octavio Cornejo Saravia, y el subsecretario era “azul”, el general, también salteño, Carlos Caro. En los primeros días de septiembre esa Secretaría dio a conocer nuevos destinos en el ejército. Los colorados quisieron sacar ventajas y quedarse con la parte del león relevando a jefes azules clave. En Concordia y Curuzú Cuatiá sacaron a Pistarini y Alsogaray pero los damnificados resistieron los cambios y el 18 de septiembre estalló la crisis militares más vergonzosa, y que repercutió en Salta y Jujuy.

Pronto, la reacción contra la Secretaría de Guerra se generalizó liderándola el general Onganía, jefe de Campo de Mayo.

En un comunicado de Campo de Mayo se enumeró los regimientos solidarios a Onganía, y entre ellos se mencionó a el C-5 y al A-5 del IV Cuerpo de Ejército en Salta.

Lo que dijo Toranzo Montero en El Tribuno

La pelea por la jefatura

Por El Tribuno, el comandante Toranzo Montero desmintió a Campo de Mayo diciendo que respondía a la Secretaría de Guerra. El 20 de septiembre Toranzo Montero debió dejar Salta rumbo a Jujuy porque aquí su guarnición había sido copada por azules comandados por el general Enrique Rauch, también salteño. Desde Jujuy, Toranzo Montero, con los coroneles Gilly y Montaldi, invadieron Salta con tropas del 2 de Montaña. Lo hicieron por Güemes y La Caldera, mientras que de Tucumán llegaban soldados para apoyar a Rauch, referente de Campo de Mayo en Salta. El 21 de septiembre el IV Cuerpo de Ejercito tenía dos jefes: Rauch en Salta y Toranzo Montero en Jujuy. Ambos reclamaban la jefatura, mientras los soldados de sendos bandos se aproximaban peligrosamente en Güemes y La Caldera. La población se angustiaba y el interventor federal Julio Castellanos intentó mediar pero todo fue en vano.

Salta está aislada y sólo había patrullas militares de Jujuy y Tucumán. El Tribuno decía: “Para ir a La Caldera hay que pasar 10 controles. Los soldados apuntan con armas automáticas, mientras en las banquinas se ven nidos de ametralladoras y cañones antiaéreos. En Buenos Aires había acciones bélicas en Pompeya, Lezama, La Boca, Palermo y Constitución donde intervenían tanques y aviones. Campo de Mayo de a poco imponía su fuerza hasta que el 22 de septiembre, la denominada Batalla de Buenos Aires concluyó con el triunfo de Onganía. De inmediato las tropas de Toranzo Montero se replegaron a Jujuy sin que hayan llegado a los hechos. Finalmente, Guido reemplazó en la Secretaría de Guerra a Cornejo Saravia por Rattenbach y a Toranzo Montero por Carlos Caro aquí en Salta.
 

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