El año de 1874 encontró al obispo Buenaventura Rizo Patrón, a la sazón obispo de Salta, en una actividad inusitada para que se hiciera realidad uno de sus más importantes sueños, que acariciaba desde su instalación como obispo diocesano: la puesta en marcha del Seminario Metropolitano de Salta, cuya gestión lo había desvelado desde el inicio de su prelatura. En efecto, según testimonian los anales de la época, su preocupación giró alrededor de poner en funcionamiento una institución que preparara a los futuros sacerdotes de la diócesis, algo fundamental para esa época. Todo su esfuerzo lo puso -sin dejar de lado otras actividades y obligaciones- para conseguir este objetivo, consciente del valor que implicaba esa misión para el futuro.
Es preciso aclarar que ya había existido el seminario, en ciernes, años antes pero, debido a la oposición del anticlericalismo y a otros problemas de ese tiempo, no prosperó, sino que fue clausurado en algún momento. Por eso un documento de entonces tituló la inauguración realizada por Rizo Patrón como una "reapertura". La matrícula registró, entonces, 21 inscriptos entre los cuales se encontraba Bernabé Piedrabuena, que sería obispo de Salta. Un listado que detalla los alumnos que cursaron estudios en el Seminario de Salta, muestra nombres y apellidos conocidos, los cuales se destacaron por su actuación en la sociedad de la época, no solo como sacerdotes, sino también en diferentes profesiones y actividades. El listado se extiende desde el año de fundación del Seminario, hasta 1951. En este año figura, entre otros, Benjamín Ávila, quien años más tarde falleciera en la llamada Masacre de Palomitas.
Los antecedentes
Ya en 1807, aún en la etapa colonial, se había creado la diócesis salteña y uno de los primeros pasos del obispo Videla del Pino fue abrir el Seminario, dada la necesidad de proveer, a la diócesis, de sacerdotes con una buena formación. Por ello, al arribar a Salta en agosto de 1809, lo instaló en la antigua casa jesuítica hacia fines de ese año. Distintos avatares políticos y religiosos, en especial la Revolución de Mayo del año siguiente, fueron un impedimento para que siguiera funcionando, por lo que fue cerrado a principios de 1813, luego de cuatro años. Los gastos de la guerra por la independencia impidieron que posteriormente se concretara la reaparición de la casa religiosa. Toda esta información la proporciona, en detalle, Mons. Miguel Ángel Vergara.
En 1860 es nombrado obispo Buenaventura Rizo Patrón quien, con mayor énfasis que sus antecesores, se empeñó en instituir y erigir "el Colegio Seminario Conciliar en la casa de nuestra propiedad" en abril de 1862, lo cual se efectivizó provisionalmente hasta que se pudieran reunir las condiciones para su funcionamiento normal.
El funcionamiento provisional cesó el 2 de octubre de 1863 por el "auto de erección" dictado por el obispo Rizo Patrón, que otorgó permanencia definitiva (in perpetuum) a la institución. En este no solo "recibían formación e instrucción" quienes aspiraban al sacerdocio, sino también "podían recibir enseñanza abundante y sana todos los jóvenes deseosos de instrucción". Sin embargo, a fines de 1864, nuevamente se cerró por un grave entredicho entre el Gobierno y el Obispado. Ante esto, los aspirantes debieron trasladarse al Seminario de Córdoba, como asimismo a los de Bolivia y Chile para continuar sus estudios. Recién diez años después pudo inaugurarse el nuevo edificio, con la ayuda efectiva del presidente Sarmiento, y recomenzar su actividad normal, lo cual se realizó oficialmente el 27 de julio de 1874. De esta manera, el Seminario tendría la misma antigedad que acreditan las instituciones escolares más viejas de Salta: el Colegio Nacional y la Escuela Normal, los cuales están cumpliendo su primer sesquicentenario. Al respecto, recuerdo que en mi niñez pude apreciar, en el Seminario, una foto (aparentemente se perdió) en la que se veían los dos edificios: el Seminario y la Escuela Normal. El resto del espacio circundante estaba rodeado de montes y malezas.

Formación integral

Hoy sigue la institución su cometido, encargándose de la formación integral, humana y cristiana, de los niños y jóvenes que a ella acuden. Ya en 1958, con 80 años de vida institucional, el rector salesiano P. Enrique Schroh emprendió la hazaña de un nuevo edificio, más funcional, la que concluyó en la siguiente década.
El Seminario tiene el orgullo de haber acogido en su seno a personalidades como el padre Ernesto Martearena, de augusta memoria, quien fue declarado "Mártir de la Fe" por haber dado su vida por el bien de los niños de la calle, a quienes dedicó, en forma especial, su apostolado. Esta distinción fue compartida por otras 500 personas de todo el mundo, siendo el único de Argentina. Es, por tanto, un importante modelo a seguir por los estudiantes, no solo de nuestra institución, de la actualidad.
Después del Concilio Ecuménico Vaticano II, los seminarios menores (donde se dictaba el secundario) dejaron de ser lugares de formación exclusiva para aspirantes al sacerdocio, lo que posibilitó que se formaran, en ellos, personas que luego se insertaron en la sociedad con distintas profesiones. En la actualidad, un bajo porcentaje de alumnos continúa estudios
superiores, que desembocan en su ordenación sacerdotal.
El Seminario en la actualidad
Antiguamente los profesores eran, casi en su mayoría, sacerdotes o religiosos; había también un porcentaje de destacados docentes laicos, como los profesores Francisco Pagliaro (Latín y Griego), Vicente Pérez Sáez (Literatura), Palacios (Matemática, Física y Química), Nunes (Matemática), Sirimarco (Biología) y Gastaldi (Inglés), entre otros. Hoy son pocos los sacerdotes que imparten algunas materias; incluso hay, asimismo, mujeres.
El Colegio, institución privada, es uno de los que cobra la cuota más baja del país. Pero, a la vez, tiene un nivel de formación y enseñanza que lo hace muy requerido por los que conocen su historia.
Algunos de sus estudiantes se quejan porque -gracias a la tradición centenaria de ser formador de sacerdotes- la gente en general no conoce esta institución, como sí lo hace con otras dos que comparten el siglo y medio que las separa de su nacimiento. Piensan ellos que debería abrirse más hacia la comunidad que la sustenta, haciendo conocer sus cualidades y su historia. Estamos convencidos de ello y pronto comenzaremos con una campaña de difusión de sus actividades y de comprometerla con la sociedad.

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