Pasaron 48 años y Evo Morales volvió. Tenía siete años, en 1966, cuando llegó a Campo Santo junto a su papá. Hablaba aymara, no entendía castellano y era tímido. Los primeros días pasaba hambre y solo se alimentaba con fideos tostados y café. Mientras su padre trabajaba en la zafra, con el tiempo pudo darse los "lujos" de tomar picolé, dormir en un catre y ahorrar algo de dinero que enterraba en ese entonces.
De eso solo quedó el recuerdo. Ayer, Evo Morales regresó a la escuela Julio Argentino Cornejo, donde comenzó a leer, como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.
Fue un amanecer atípico en Campo Santo, en el departamento de General Gemes. Varios lugareños sacaron a flamear la bandera tricolor del hermano país.
María Avilés fue una de las primeras en llegar a la escuela. Allí se reencontró con otros compañeros que compartieron el aula con "Evito", como llamaban hace casi cinco décadas a Morales.
Avilés sacó ante las decenas de cámaras de medios nacionales e internacionales una fotografía en blanco y negro. En esa formación escolar estaba en la segunda fila el actual presidente boliviano.
"Estoy orgullosa de haber tenido como alumno a un niño que hoy es presidente. Pero estoy más orgullosa de haber formado a un hombre de bien", dijo la exdocente Elba Kutny.
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Evo Morales arribó al pequeño establecimiento cerca de las 11. Apenas puso un pie fue recibido con una lluvia de papel picado. Allí se abrazó con Elba, María, Celia Pastrana y otros excompañeros.
Afuera, varias personas coreaban su nombre. Algunos vestían típicos atuendos de caporales o de la morenada. Otros solo agitaban banderas.
Desde un primer momento, la organización de la visita presidencial mostró serias flaquezas. Incluso, por no tener contacto con el mandatario y por quedar en medio del alboroto que se suscitó, algunos alumnos de esa institución educativa terminaron llorando.
Al homenaje, asistieron el gobernador Juan Manuel Urtubey, el vicegoberandor Andrés Zottos, funcionarios locales y la comitiva boliviana. Como invitados estuvieron el titular de la CTA, Hugo Yasky, y el gremialista docente de Buenos Aires, Roberto Baradel.
Antes de partir, Morales obsequió a los niños y niñas mochilas y útiles escolares. El presidente se retiró sin responder preguntas, pero con la promesa de una conferencia de prensa por la tarde, que finalmente no se concretó.
Cerca del mediodía, Morales ingresó al complejo deportivo Roberto Romero de Campo Santo. Allí cientos de personas lo esperaban para escucharlo.
En su alocución Morales contó detalles de cómo fue su paso por estas tierras. "Llegamos desde Bolivia en 1966. Vinimos y todavía no había empezado la zafra. Se nos terminó el alimento y mi hermana tostaba fideos. Eso, con café, era nuestro alimento". Por eso, llegaron a "robar naranjas".
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"Ya no estamos tan mal"

En reiteradas oportunidades de su alocución, Evo Morales tuvo palabras de gratitud con quien fue su maestra en la escuela Julio Argentino Cornejo de Campo Santo. Mientras el presidente hablaba, Elba Kutny acentuaba esa mirada de admiración.
Evo narró que en clases se sentaba atrás. "La profesora hablaba y yo no entendía. Ella me acariciaba el cabello. Solo entendía que me decía Evito", contó el mandatario.
El presidente de Bolivia aprovechó su visita para agradecer a los bolivianos que residen en Salta por los votos en las elecciones de octubre.
"De verdad ya no estamos tan mal como antes. Hemos empezado a mejorar la situación económica", destacó Morales.
Por esa mejora, "poco a poco hermanos ya están retornando a nuestro país. Por supuesto hay que seguir mejorando, garantizamos la estabilidad social".
Antes de concluir el acto, Morales se puso el poncho salteño y levantó un busto del general Martín Miguel de Gemes.

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