Ella es Sarita Santos Davila. Desde 1984 hasta el 2005 trabajó como empleada doméstica para la familia del actual gobernador, Juan Manuel Urtubey. En diálogo con El Tribuno, Davila hizo pública la demanda judicial y el juicio laboral que lleva adelante contra los Urtubey. Las irregularidades son de lo más variadas. Diferencias de sueldos, falta de pago de aguinaldos, vacaciones y asignaciones familiares sumado al no pago de una indemnización ante un despido injustificado, por los años de servicio. Todo esto enmarcado en más de dos décadas de trabajo en negro y sin ningún tipo de cobertura social.



Hoy por hoy, la mujer afronta una delicada situación económica. Con su marido enfermo, dos hijos trabajando y en peligro de ser desalojados de donde actualmente viven, Davila confía en que se haga Justicia.

La mujer justifica el silencio de varios años debido a la “confianza” que le generaba quienes en gran parte de su vida consideró su familia. Pero después comenzaron las amenazas, lo que “silenció” mucho más aún a Davila. “Si abrís la boca te voy a hacer boleta” le habría dicho la madre del mandatario salteño a su exempleada doméstica.

¿Cuál fue su vínculo laboral con la familia Urtubey?

Yo trabajaba en la casa de la familia Urtubey en aquellos tiempos que tenía su casa en la calle Uruguay. En aquel entonces yo tenía 24 años. Yo era sola, no tenía hijos.

¿Y de qué constaba su trabajo?

Entré siendo cocinera de los señores Urtubey, de la señora escribana Lía Mercedes de Urtubey. Cuando yo entré el más chico tenía 9 años. En aquel entonces Juan Manuel Urtubey tenía 17 años. Después comenzaron a casarse los chicos de la familia. Empecé trabajando cama adentro, pero cuando nació mi hija ya no se podía. Ellos querían que me quede. Inclusive la señora me había ofrecido ponerme otra chica para que siguiera, pero no correspondía. Lo pensé bien y no acepté.

¿Usted trabajaba en blanco?

No. Trabajaba en negro. La escribana siempre me decía que faltando diez o quince años para jubilarme me haría los papeles, cosa que nunca me hizo. Después, en los últimos años, cuando nació Marquitos, el hijo mayor del gobernador, el doctor se volvió de Buenos Aires. Entonces la escribana me pidió si yo les podía dar una mano con el chiquito, que tenía un mes de vida en aquel entonces. Yo le dije que sí, porque eran jóvenes y no sabían nada de nada. Desde ese entonces comencé a trabajar por la mañana en la casa de la escribana. Después de las 16 a las 23 estaba en la casa del doctor (Juan Manuel) Urtubey .

¿Cómo era la forma de pago?

Cobraba mensualmente.



¿Es cierto que durante un trayecto de la relación laboral usted cobró a través de un plan social?

Es cierto. A mi me pagan 250 pesos cuanto estaba trabajando con la escribana. Entonces, cuando yo comencé a ir por la tarde a la casa de la señora Ximena Saravia Toledo (esposa del gobernador), ahí la escribana me merma el sueldo a 180 pesos. Eso era en el 2000. La otra parte (para completar los 250 pesos) era abonada a través de un plan social.

¿Y cuándo llegó el corte de la relación laboral con la familia Urtubey?

Cuando cerraron la escribanía. El doctor Juan Manuel estaba para diputado nacional. Entonces me dice “bueno Sarita, yo me voy a Buenos Aires. Vos vas a volver con mi mamá”. Tenía que volver a ir por la mañana a su madre y a la tarde ir a la escribanía.

¿Y a usted la despiden?

El 26 de mayo del 2005.

¿Cuál fue el motivo? ¿Cómo fue el momento ese?

A mi me dijo la escribana: “como cerramos la escribanía yo quiero que vayas a la casa de mi hija Soledad”. Entonces yo le dije, “pero señora yo quiero que me blanquee”. Ya estaba cansada la verdad. Siempre venían los hijos de Buenos Aires, estaba para uno, para otro. “Te voy a blanquear” me dice la escribana. De alguna manera me sentía amparada. Pero el 26 de mayo del 2005, cuando hicieron lo que hicieron, no lo podía creer...

¿Y qué sucedió?

Era ya la última hora casi. Ya faltaba poco para irme porque mis hijos estaban solos en la casa. “Bueno Sarita, me vas a acompañar al departamento de Trabajo” me dijo. “Bueno pero no tengo ni el documento ni nada, ¿mañana puede ser escribana” le pregunté. “No, no tiene que ser ahora porque la gente me está esperando” dijo. Insistí. Tantos años había esperado que un día más podía esperar. Yo no tenía nada. Ni el documento ni los anteojos.

Se podría decir que al pedido de usted que se la blanquee le responden con el despido.

Sí. Porque después yo llegué a mi casa y leí lo que había firmado. Al otro día me voy al departamento de Trabajo. Ahí no me quieren atender porque me dicen que ya había sido homologado. Ahí me dicen que no me podían dar el papel si no me presentaba con un abogado. Entonces yo voy y busco un abogado. Me presentó con el doctor y la otra parte no va. En otra audiencia yo me voy con el doctor Recchiuto y el padre de mis hijos aparece con el doctor John Grover Dorado. O sea que teníamos dos abogados. Entonces ya no se podía negar. Y nos dieron el papel. Ahí en el Ministerio de Trabajo se compromete la escribana a reconocerme los años de servicio, cosa que nunca cumplió. Me cansé de pedírselo por las buenas. Con todo eso me dio un pico de stress de los nervios. Caí en el hospital San Bernardo sin obra social, sin dinero, nada.

Hubo hasta una situación de cheques rebotados...

Cuando me despiden, ellos se van de vacaciones. Vuelven y me llaman para pagarme. El doctor Juan Manuel me informa que se va a Buenos Aires y que voy a seguir trabajando en la casa de su mamá. En ese momento me debía el sueldo de enero, febrero y el aguinaldo. Entonces me hace unos cheques para el Banco Río. Entonces yo voy a cobrar los cheques y no tenían fondos. Me costó cobrar.

Fuera del mal momento que significa perder una fuente de ingreso.¿Qué sintió después de tantos años de relación? De seguro para usted era su segunda familia...

La escribana me decía que me quería como si fuera su hija. Pero el 26 de mayo del 2005 yo me convencí que no fue así. Yo creo en Dios. Hoy por hoy están en el poder, pero estoy segura, hay un Dios que hará justicia.

La situación

Actualmente el juicio laboral se encuentra con un recurso de constitucionalidad ante la Corte de Justicia de Salta.
Davila obtuvo una sentencia favorable en primera instancia cuando inició su demanda laboral. Fue por $17.000 en 2008. La familia Urtubey apeló y la causa pasó a la Cámara Laboral, sala segunda.

En esa sala, el expediente es tomado por los jueces que en ese momento eran la doctora María Mercedes Domeq y el doctor Cabrera.

Existiendo pruebas fehacientes como es el reconocimiento de una audiencia en la secretaría de Trabajo, la existencia de la relación laboral y documentación que constaba en actas, el juzgado rechaza in limine, no dando lugar a nada de lo expuesto.

Hoy la demanda continua en pie y la familia de Davila y su defensa esperan que se haga justicia.

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