El Libro del Génesis nos habla del "enseñoreamiento" del ser humano sobre la naturaleza, en función de la diferencia de la capacidad creativa con vocación interplanetaria que lo distingue de todos los seres vivos e inanimados: la noosfera. También impone una limitación. La Encíclica Laudato Si (Alabado Sea) dedicada al tema del cuidado del medio ambiente fue presentada el jueves 18 por el cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, junto al exponente en calentamiento global John Schellnhuber, quien sostiene "la tierra no puede soportar más de 1.000 millones de personas" (somos 7.000 millones), propugna una "Constitución de la Tierra" y un "Consejo Mundial" elegido por el sufragio universal del mundo entero (sic) y una "Corte Planetaria" para juzgar las violaciones a la Constitución. En la encíclica, el Papa nos presenta la posición de la Iglesia, invocando a San Francisco de Asís sobre: "el ejemplo por excelencia del cuidado de lo débil" y "los daños que le hacemos con nuestros pecados a la hermana agua, a la hermana tierra". Se refiere a lo que "está ocurriendo en nuestra casa".
En relación al derecho de propiedad, destaca que sobre éste pesa "una hipoteca social, porque los bienes sirven para el fin que Dios le ha dado" y por ello el medio ambiente es un "bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos". Analiza la globalización, el paradigma tecnocrático y propone la construcción de una ecología integral elevando el respeto del bien común. La obra del Dr. Bernardino Montejano publicada en 1993 titulada: "Ecosofía: La morada del hombre" considera a la ecología desde el derecho natural y cristiano, esencial para contrarrestar la marea de confusiones que seguramente inundará la web próximamente. Se pregunta Montejano: conservar ¿para quién? y ¿por qué? En su obra desarrolla las respuestas: Conservar los suelos, la flora, la fauna, los ambientes naturales el potencial energético, los ambientes humanizados, la cultura, la hispanidad, el acervo historiográfico e histórico artístico, las instituciones naturales, la tradición y la fe para el hombre, para el hombre argentino y sus futuras generaciones. Conservar porque el hombre de nuestro tiempo debe tomar conciencia de que mucho de los males que lo aquejan se originan en una doble ruptura de vínculos, de lazos que urge restaurar para que el hombre pueda crecer a través del desarrollo de sus potencialidades.
Ante el ecologismo parcial, entonces y hoy tan en boga, que se limita a defender el orden natural físico y a reclamar la adecuada inserción del hombre en el mismo, es preciso levantar la bandera del "ecologismo integral" que sin desconocer la necesidad de esa reinserción, señala la necesidad de restaurar los vínculos que unen entre sí a los hombres.
Mientras nos preocupamos, justamente, de preservar los "hábitat naturales de diversas especies animales amenazadas de extinción", nos esforzamos muy poco en salvaguardar las condiciones morales de una auténtica "ecología humana", cuya primera estructura fundamental es la familia que hay que volver a considerar como el primer santuario de vida. ¿Será que, al encontrarnos inmersos en una política mundial de reducción poblacional se invirtió la jerarquía de las existencias descendiendo el hombre a los últimos escalones?
Si es así cabe la pregunta: ¿Quién decide quién vive y quién no? Por ello es muy válido referirnos a la Ecosofía como visión, intelección, reflexión acerca de la casa, de la morada del hombre, pero siendo el ser humano el centro, a "imagen y semejanza del creador".

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...