SAN PEDRO (Corresponsal) La festividad del carnaval se vive en cada rincón de nuestra provincia, con las particulares características de cada región.

Algo muy característico en la región selvática es la presencia del Pim-Pim, cuyos integrantes, pertenecientes a la comunidad guaraní, le imprimen a la celebración, un matiz muy particular, permitiendo redescubrir los ancestrales ritos de las comunidades aborígenes chiriguanas afincadas en la zona.

Tras varias décadas de ausencia, la danza y la música del Pim- Pim, "La leyenda continua" del cacique Genaro, volvió a impregnar el aire con los sonidos de tambores, cajas, flautas y pincullos.

Y como ya es tradicional, el desentierro tuvo como escenario un sector del monte aledaño a la ruta nacional 34, conocido como "la quema", el que fue ornamentado con banderines, coloridas serpentinas y la bandera del hermano país de Bolivia, cuna de tradiciones y rituales ancestrales.

Allí, en una singular ceremonia, el cacique Genaro, acompañado por su familia y amigos, recordó a los pioneros, a aquellos hombres y mujeres que llegaron a nuestro país para trabajar en la zafra, y que con el tiempo se afincaron en la zona y fueron incorporando poco a poco su cultura.

"Hoy recordamos a nuestro pueblo guaraní, a nuestros queridos ancestros, a nuestros padres y abuelos, el Pim Pim "La leyenda continúa"-Cara no se borra, regresa después de 38 años, para recordar y homenajear a sus seres queridos, de manera especial a sus caciques Julio Angelito Toro, Luis Castillo y Ramoncito de barrio Belgrano Ingenio La Esperanza, Pascual Zalazar y Luis Monteregua de barrio La Tablada, Ronco Tercero y Camacho de barrio Cherenta, Nicolás López de barrio El Triángulo, Pascualino Gareca y Pindía de barrio Providencia, Félix David, Tigua y Germán Segundo del lote Miraflores, Bautista de lote San Antonio, abuelo Juan Calixto, Julio Robles, Leocadia y Cachara de lote Arrayanal" dijo el cacique Genaro, durante el desentierro, sin olvidar la memoria de su padre Luisito Romero y a uno de sus hijos.

Luego los integrantes del Pim-Pim, desfilaron uno a uno ante el mojón para sahumar la ropa, los instrumentos, la bandera y todo aquello que utilizarían durante las noches de los corsos sampedreños.

La tarde fue cayendo arrullada por el particular sonido de tambores y flautas, el compartir de bebidas como la chicha, y la danza ancestral tan arraigada en esta zona de verdes cañaverales.

Toda una tradición en el Ramal jujeño cuando de celebrar el Carnaval se trata en esta rica y verde tierra de la provincia.

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