LUIS BELTRAN

Culminó el mes de julio, para nosotros los habitantes puneños el más frío del año, donde sentimos el rigor climático de temperaturas bajo cero que cada año superan record en la marca termométrica. Nuevamente nos quedamos con las ganas de alguna nevada, como sucediera allá por el año 1993 para alegrarnos las vacaciones. Hubo tormenta de arena a las cuales decimos estar acostumbrados, pero cada vez son más intensas y preocupan. Se fue el séptimo mes del año, llegó agosto cargado de celebraciones como la Pachamama y festividades religiosas a lo largo y ancho de este indómito suelo, eventos que se mezclan con la creencia del cristiano y lo pagano.

Gran parte de la Puna tiene una influencia andina que se relaciona directamente con los incas desde la masticación de la coca, pasando por los alimentos y el mismo quechua. La instauración de los estados, impusieron límites geográficos y políticos, de allí surge un proceso de construcción de una identidad, que fue fusionándose y creando cambios profundos en la interacción de las poblaciones. El 1 de agosto es un día significativo según la cosmovisión andina, porque tiene lugar la celebración ancestral de gran importancia para todo el norte argentino y sur boliviano, donde se representa la gran espiritualidad del poblador hacia la madre Tierra.

Desde la percepción de los pueblos originarios es el cultivo de la tierra lo que marca los ritmos indígenas, porque ahí se germina la vida, la naturaleza, el alimento y, a través de todo esto, se mantiene la salud. En reciprocidad a ello, agosto es un periodo que está dedicado a agradecer a la Pachamama, el calendario agrícola marca la pauta de la vida de los pueblos originarios. Dentro de ese contexto, el mes octavo del año es un tiempo especial, después de la cosecha, la tierra descansa y despierta en agosto con hambre, la creencia es que para que no se coma las semillas de la siembra hay que alimentarla simbólicamente.

Durante todo el mes, los pueblos andinos y de otros puntos cardinales le hacen ofrendas, que significa devolver de forma ritual lo que la tierra ha dado durante todo el año, es decir, se le dan alimentos, agua, coca, chicha, vino, etcétera. A su vez se aprovecha la oportunidad para pedir por prosperidad y salud lo que resta del año, lo propio hace el poblador citadino en cada uno de sus hogares, no todas las ceremonias son iguales pero la esencia es la misma.

Al momento de ofrendar algo a la Tierra debe hacerse con fe, de lo contrario el deseo no se cumplirá, los sabios afirman que agosto es el mes elegido para que las personas ofrenden a la Pachamama porque en esa época "la tierra descansa, no hay producción, no hay siembra ni cosecha, la tierra está tranquila y tiene hambre, hay que darle vino y alcohol porque tiene sed".

Quizás ese modo se entiende que, precisamente en agosto, se produzca una gran cantidad de hechos de tránsito y fallecimientos, "porque la tierra tiene hambre y hay que ofrendarle", afirman.

En definitiva celebrar a la Pachamama es esencial en la idiosincrasia del poblador puneño, aunque con el tiempo la celebración va mutando, el significado y significante sigue siendo igual, esta costumbre se asienta sobre la base cultural del habitante norteño.

Las festividades religiosas

También llamados misachicos son innumerables durante todo el mes pequeñas bandas de sikuris y otras con otros instrumentos, acompañaran a la santísima Virgen en esta localidad se destaca la celebración de la Virgen de Copacabana donde los devotos, no solo acompañan la liturgia, como parte de su promesa danzan por las calles con coloridos atuendos.

La festividad cada año crece en número de fieles y danzarines. Entre varias personas eligen una comisión que se encarga de rendirle cultos a la Inmaculada.

En el interior del departamento Santa Catalina las honras a la Virgen de Canchillas, y en el pueblo alfarero de Casira a Santa Rosa de Lima se destacan como dos eventos importantes al cual asisten residentes en otros puntos provinciales y del país, allí puede observarse a pleno la fusión de dos culturas distintas, la que trajeron los colonizadores y la que perdura a través del simbolismo que le da el poblador a esas festividades. Aunque la imagen de la Virgen y el sacerdote que guía la columna, la ceremonia corresponde más a los rituales ancestrales de la Pachamama , porque el consumo de coca y alcohol, el regar con aguardiente y el enterrar ofrendas de comida alrededor de la imagen, todavía acostumbra hacerse.
 

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