"Si el cuento gana por puntos, el poema...por nocaut" eso fue lo que un amigo de Cortázar dijo alguna vez sobre el impacto que tiene un poesía en la sensibilidad humana. Y es una frase que tiene su poder, pero sobre todo, mucho sentido para Ezequiel Villarroel. Y que desde siempre, fue el riesgo más adecuado que le gustó afrontar.

"Uno para escribir tiene que pensar en la palabra exacta" afirma con convicción el joven poeta a nuestro diario, con ese mismo pensamiento con el que se aventuró en el camino de la poesía desde hace tiempo. 

“Si yo digo "la lluvia ya cristalina" en un cuento significaría sólo eso, lluvia de agua y transparente. En una poesía, la lluvia puede ser mil cosas, como el recuerdo de una madre o una novia muerta” explicó con cierto tono pedagógico el autor de "Al menos no está lloviendo", tercer trabajo literario basado, justamente, en textos poéticos sobre cuestiones esperanzadoras y no, al mismo tiempo.

Con el respaldo de la editorial Tres Tercios, ya está en las librerías locales este puñado de pensamientos que hace que el personaje distintivo transite por situaciones a priori negativas, pero que se van transformando en algo peor con el recurrido de la lectura. 

"Al menos no está lloviendo", es entonces, una frase que no deja de estar incluida en películas o en dibujos animados, pero que siempre estuvo dando vueltas por la mente del autor.

“Tenía este título por mucho tiempo. Lo paradójico de toda la historia es que el personaje por lo general, le va mal en la vida, pero en ese momento cuando el personaje dice "al menos no está lloviendo" como afirmando que las cosas podrían haber sido peores, inmediatamente empieza a llover, es decir, se manifiesta lo peor” comentó el escritor. Y no se equivocó con esa reflexión que, a la vez, logró traspasar los umbrales místicos y generó un movimiento llamativo que fue más allá de lo literario en sí (desde el momento de su creación). 

En cada poema prevalece el detalle por la vida misma, donde están concentrados esos días en los que las cosas van mal y a las que se les hace frente; pero también existen los otros, en los que prevalece el cansancio de luchar contra esas mismas situaciones. Y eso es lo que pasó, en mayor o menor medida con la edición de la producción, con la obra en sí. Se trata de un libro que tiene a la lluvia como eje inamovible, como parámetro esencial de aquello que le importa contar a su escritor. 

“Siempre me acompañó esa frase. Los títulos ya los tengo definidos desde hace años y tenía otros textos, en un momento dije pero porque no reúno todos los textos de la lluvia y que aquí vendría a ser como una contrapartida, porque cuando vos decís al menos no está lloviendo, se supone que no tiene que haber poemas de lluvia. Entonces como para que tenga un sentido, incluí una frase de González Tuñón que dice "...sin embargo yo quería hablar de la lluvia igual pero distinta"” explicó Ezequiel que elige como motivación constante este fenómeno natural como metáfora de las peripecias cotidianas que acompañan tanto a las personas. "Creo que muy implícitamente, todo lo que se vive como ser la trata de personas de mujeres o las manifestaciones que hace la gente como para quejarse, es señal de que algo anda mal". Entonces aquí la lluvia es como una señal. La lluvia de algo. Y que todo tiene un costado bueno y malo al mismo tiempo, porque la lluvia no siempre es igual de acuerdo al estado atravesado por los cambios típicos y constantes. 

"Dentro del libro hay un texto que plantea que la lluvia no es igual en la ciudad que en los barrios alejados, porque en la ciudad es hermosa, porque uno sale a caminar por calles de pavimento. En cambio, en los márgenes, el barrio se llena de barro y lo que uno no puede hacer es precisamente eso, salir a caminar, porque se resbalaría, se ensuciaría. Entonces la lluvia plantea las diferencias, aún siendo la misma en ambos casos" comentó el autor. Y, básicamente, esa sería la respuesta de lo que contiene el libro, aunque desde su lugar, Ezequiel prefiera dejar servida en bandeja la libre interpretación para sus futuros lectores. “Uno siempre es detallista con sus cosas porque siente que está dejando algo suyo, de hecho algún mensaje intento dar desde la obra, pero es tarea de ellos el completar la idea”. 

La lluvia como fuerza natural y simbólica es el alma de su flamante título, pero antes, dos obras fueron escritas por el autor que toma la realidad en sus palabras y las domestica para convertirlas en medios universales, iguales aquí o en cualquier parte del mundo.

El 2006, fue el año en el que se editó "La hora de la siesta", ópera prima de este escritor y en la que prevalece como tópico principal la fugacidad de la vida. "Creo que sentía que el tiempo se me terminaba, me sentía viejo, a pesar de haber sido bastante joven". El segundo libro nació en 2009 y se tituló "N.A.N.D no alcanza el nivel deseado" y es considerado el más cotidiano de todos. "Es un levantarse, desayunar, discutir con tu novia, salir con tus amigos. Es algo tan simple y quizás planeado como una añoranza adolescente o sea como algo nostálgico" afirmó, sin dejar de lado su tono reflexivo.

 

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