"Cada vez más jóvenes adultos y niños sólo conocen la pobreza como condición de futuro", reconoció el presidente socialista, Francois Hollande, en marzo de este año.

Desde el inicio de la crisis económica mundial en 2008, la pobreza creció regularmente en Francia hasta alcanzar el 14.3% de la población, según anunció el 2 de julio el Instituto Nacional de Estadísticas y de Estudios Económicos (INSEE).

El organismo público afirmó que 1 de cada 7 franceses (8,7 millones) vive bajo el suelo de la pobreza y que en la segunda economía de la zona euro el fenómeno afecta a "hogares antes protegidos" y a 1 de cada 5 niños y jóvenes menores de 25 años.

Por otro lado, la asociación Observatorio Nacional de la Pobreza y la Exclusión Social calificó en un comunicado de "preocupante" las cifras del INSEE, debido a que el informe contempla datos hasta 2011, en los primeros tres años de la crisis.

En Francia, para ser considerada pobre, una persona no debe superar los 977 euros mensuales (60% del salario medio).

Las sucesivas reformas y recortes presupuestarios exigidos por la Comisión Europea, realizados por el conservador Nicolás Sarkozy (2007-2012) y el socialista Hollande (2012-2017), no lograron atenuar las consecuencias de la crisis y llevaron el desempleo a su nivel más alto en dos décadas (10,6%).

Pero mientras la crisis golpea principalmente a las capas populares y a las clases medias, los más ricos nunca vieron crecersus fortunas tan rápidamente.

El semanario de negocios Challenges informó este mes que las 500 mayores fortunas francesas incrementaron su patrimonio un 50% en los últimos dos años, para totalizar un crecimiento de 300% en una década.

En París, una de las ciudades más visitadas del mundo, los turistas se sorprenden al descubrir entre el lujo y la señorial arquitectura a decenas de personas revolviendo los cestos de basura a los pies de la torre Eiffel, en la avenida Champs-Elysées o viviendo en las orillas del Sena.

Postales antes más comunes en los populares barrios del noroeste de la capital, como Barbes, Chateau d'eau, Belleville o Clignancourt, donde cada mediodía al terminar los mercados decenas de personas se amontonan para recuperan los desechos.

Penada con multa por ley (38 euros), pero tolerada en los hechos, la recuperación de comida ya no sólo incluye a inmigrantes sino también a muchos ancianos franceses, quienes con sus changuitos a cuestas viven entre los bancos de las plazas y las entradas de los edificios.

El fenómeno de los "sin techo" no es nuevo en Francia, pero se agravó en la última década porque el desempleo prolongado llevó a numerosas familias a perder sus hogares o no poder alquilar, precisa el INSEE, que estima en 3,8 millones a las personas con problemas de vivienda.

Sólo en París decenas de asociaciones y albergues públicos se ocupan de los "sin techo", pero se encuentran desbordados en su capacidad.

Tres noches por semana, en una de las orillas del turístico Canal Saint-Martin, la asociación Les Restos du Coeur (Los Restaurantes del Corazón) en un camión reparte cenas compuestas de un plato caliente, una sopa, una 'baguette', un yoghurt, un jugo y un café a centenas de personas.

"La mayoría de los que vienen a comer son inmigrantes afganos, iraquíes, sirios, libios, rumanos o refugiados de cualquier conflicto reciente. Pero cada vez hay más franceses", le dijo a Télam el parisino Benoit, uno de los 60.000 voluntarios de la citada asociación.

Creada en 1985 por el humorista Coluche para alertar sobre la situación de los sin techo, Les Restos du Coeur se convirtió en uno de los principales medios de asistencia en Francia al repartir 130 millones de platos por año.

"En los siete años que llevo como voluntario, la situación se degradó bastante. Antes no teníamos vallas, ahora hay una cola de 150 metros y el ambiente es más tenso", confió Benoit, de 37 años.

En una zona de moda de la capital francesa, el voluntario remarcó a Télam el "contraste" con los centenares de personas comiendo en los bancos y mesas instalados junto al camión de caridad y los jóvenes en los bares al borde del Canal Saint-Martin.

"A nuestro alrededor está repleto de vecinos y turistas de todo el mundo, pero la mayoría nos miran con indiferencia y desconfianza. Esta imagen puede parecer sacada de contexto en París, pero esto también es el París real", añadió.

Otra asociación que busca interpelar a la sociedad y llamar la atención de las autoridades es Les Enfants de Don Quichotte (Los hijos de Don Quijote).

Cada invierno, la asociación regala carpas en todo el país a quienes viven en la calle para dar "visibilidad" a los sin techo, transformando el paisaje urbano.

Esta semana, la asociación Les Morts de la rue' (Los Muertos de la calle) sacudió la actualidad al presentar su informe anual en el que revela que 454 sin techo murieron en las calles de Francia en el 2013, 15 de ellos niños.

El gobierno insiste en que en los centros de atención los sin techo pueden asearse, recibir ropa y comida, dormir y consultar médicos, pero la mayoría se niega a instalarse y prefiere continuar en la calle a pesar de las bajas temperaturas invernales.

"Estamos todos hacinados y no todos llegamos a la calle por lo mismo, por eso hay violencia. Prefiero estar aquí, la gente del barrio me ayuda, nunca me falta algo caliente en invierno", confesó Antoine a Télam, quien vive en un estacionamiento en Belleville.

Mientras las desigualdades se hacen más visibles, la solidaridad emerge con diversos métodos y recursos.

Como la asociación Les enfants du Canal (Los hijos del Canal), que regala cada año radios portátiles y pilas a los sin techo para ponerlos en contacto con las noticias de Francia y el resto del mundo.

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