La canciller Angela Merkel se pronunció ayer a favor de una reducción "perceptible" del número de refugiados que ingresan a Alemania, tranquilizando a las voces críticas dentro de su partido, pero se negó a cerrarles las puertas del país.
Pese a las fuertes turbulencias de las últimas semanas y a las críticas dentro de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) sobre su política de acogida de refugiados, la dirigente conservadora fue ovacionada durante varios minutos por sus copartidarios reunidos en un congreso en Karlsruhe (suroeste), que finalmente aprobó la línea de la canciller. Una demostración de unidad ante una de las intervenciones más fuertes de la canciller en 15 años al frente del partido conservador, según subrayaron los comentaristas.
Durante un discurso que se centró esencialmente en el tema migratorio, Angela Merkel admitió que "incluso un país como Alemania se ve superado a la larga por un número tan grande de refugiados".
A finales de año alcanzará el millón, un récord histórico que pone a Alemania frente a desafíos logísticos importantes. "Por esta razón vamos a reducir de forma perceptible el número" de refugiados que llegan a Alemania, prometió, e insistió en la necesidad de encontrar soluciones europeas a esta crisis.
La canciller hizo hincapié en el rol esencial de Turquía para manejar esta crisis. Berlín fue uno de los iniciadores del acercamiento a Ankara para intentar contener en Turquía a los más de dos millones de refugiados sirios que han huido del país desde el inicio de la guerra.
"Encerrarse no es la solución"
La canciller Angela Merkel habló sobre la urgencia de relocalizar a unos 160.000 refugiados que llegaron a Grecia o Italia, una medida decidida a nivel europeo pero que hasta ahora no ha sido casi aplicada.
Subrayó además la importancia de proteger las fronteras externas de la Unión Europea (UE). Una cumbre europea dedicada sobre todo a este tema tendrá lugar el próximo jueves y viernes en Bruselas.
Sin embargo, se negó a cerrar las puertas de Alemania a los refugiados. "No vamos a resolver nada encerrándonos, en el siglo XXI, encerrarse no es la solución", zanjó Merkel.
Para Merkel, abrir las puertas de su país a los refugiados que huyen de Siria o Irak, es un "imperativo humanitario". Hija de un pastor protestante, la canciller invocó varias veces la moral para justificar su política.

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