Una empleada de una inmobiliaria confirmó en el juicio por el crimen de Ángeles Rawson que el principal acusado, el portero Jorge Mangeri, le ofreció 100 pesos para ir al sótano del edificio del barrio porteño de Palermo, donde él trabajaba y también vivía la víctima.
Se trata de María Esther Hernández (52), ejecutiva de cuentas de la inmobiliaria Fast Propiedades, quien relató ante el Tribunal Oral Criminal (TOC) 9 que en 2011 Mangeri le hizo esa propuesta en tono sexual cuando ella pasó por el edificio de Ravignani 2360 para preguntar por unas propiedades de la zona.
María Hernández, empleada de una inmobiliaria, calificó a Mangeri como "un desubicado"por la insinuación que le hizo. María Hernández, empleada de una inmobiliaria, calificó a Mangeri como "un desubicado"por la insinuación que le hizo.
Al responder preguntas del fiscal Fernando Fiszer, Hernández explicó que ella se dedica al "trabajo de campo en la calle" buscando lotes, comercios y propiedades para la inmobiliaria y que el día del incidente estaba "peinando" la calle Ravignani, entre Paraguay y Santa Fe.
"Había dos lotes que podían ser de interés: una casa tomada y, enfrente, un supermercado chino que estaba vacío", relató la mujer ante los jueces Fernando Ramírez, Ana Dieta de Herrero y Jorge Gettas.
Y prosiguió: "Había un encargado que estaba barriendo la vereda. Siempre hay alguien que aporta datos y me acerqué".
Según la testigo, ese portero al que luego identificó como Mangeri (47), le comentó que la casa lindera al edificio "estaba tomada, que había tenido problemas de humedad y no sabía quiénes eran los dueños".
Es la quinta mujer que afirma haber recibido un acoso por parte de Mangeri, en lo que va del proceso judicial. Es la quinta mujer que afirma haber recibido un acoso por parte de Mangeri, en lo que va del proceso judicial.
Hernández explicó que le dejó "una tarjeta", ya que a veces suele compartir las comisiones con quienes le aportan datos y, cuando se estaba retirando, Mangeri, la llamó por su nombre.
"Mi tarjeta está membretada. El encargado me llama, me dice 'Esther'", recordó la testigo.
Hernández contó que cuando ella se volvió a acercar, Mangeri le dijo que "tenía cien pesos" y le preguntó "si quería ir al sótano".
"Le dije algunas malas palabras y me fui", recordó la mujer, quien luego, a preguntas del abogado de Mangeri, Adrián Tenca, fue más precisa y contó que le dijo al imputado "que se vaya a la puta madre que lo parió".
Cuando el abogado querellante Pablo Lanusse le preguntó qué reacción tuvo Mangeri ante sus insultos, la testigo respondió: "Ninguna. Levantó los ojos y siguió barriendo".
Cuando Lanusse le preguntó cómo se sintió como mujer, Hernández dijo: "Una se siente mal. Trabajar en la calle suele ser bastante complicado. Ofrecerle dinero a alguien para hacer eso es denigrante, es desagradable, feo".
Hernández calificó a Mangeri -quien por primera vez en el juicio hoy no fue trasladado desde el penal de Ezeiza y estuvo ausente en la audiencia-, como "un desubicado" porque sin conocerla "se tiró así a la pileta". Luego explicó que en 2013, cuando ocurrió el crimen de Ángeles, llegó a reconocer al imputado como el encargado que la había acosado cuando vio en la televisión las noticias del caso y vio las imágenes de Mangeri parado en la puerta del edificio. "Pasaron dos días y llamé al (número de emergencias) nueve once. Me mandaron a la comisaría veinticinco, pero al rato me llamaron y me mandaron un patrullero y fui a declarar a una comisaría. Después me dieron una citación para ir a la División Homicidios", señaló la testigo. Cuando Lanusse le preguntó qué la movilizó a ir a declarar, la mujer aseguró que tiene dos hijas mujeres y un varón y que si alguna vez le pasara algo a alguno de ellos, le gustaría que "alguien tirara una punta". El episodio relatado ayer por Hernández es el quinto de los presuntos acosos de Mangeri hacia distintas mujeres que se describieron en lo que va del debate, aunque es la primera vez que el testimonio lo da una víctima directa de los comentarios libidinosos del encargado.
El pasado miércoles, otros seis testigos declararon que el encargado del edificio había asediado a otras cuatro mujeres en distintas circunstancias y mientras cumplía sus tareas: la empleada doméstica del 2do. B, la mucama del 5to A, la niñera del 7mo B y una mujer que vivía en la casa tomada de al lado del edificio.
El juicio pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo miércoles 25, cuando está previsto la declaración de 24 testigos.

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