El Abuelo Virtual les había dicho que sólo podrían escapar de los Varela bailando como suris tras la imagen de San Juan, pero que para poder hacerla debía antes soñarla. Entonces decidieron echarse a dormir de dos en dos mientras el otro par montaba guardia, y Pablo y Carla Cruz se acostaron abrazados contra la pared.
Carla Cruz empezó a soñar pronto. Estaba muy cansada por los días de persecución que sufriera desde que sus padres la abandonaran a los Varela en la quebrada de Huichaira, y así cerró los ojos pero soñó con los espantos que la perseguían en sus motocicletas para cazarla. Soñó que corría por los pasillos del edificio abandonado y que estaba sola.
No estaban en su sueño ni Pablo, ni Pedro ni Esteban Cruz, pero al abrir una puerta vio en la cama un cuerpo cubierto por una sábana. La sábana estaba ensangrentada. Sentía a sus espaldas los rugidos de las motos y cerró la habitación. Contra la puerta hachaban los Varela para poder entrar y ella alzó la sábana.
Sobre el colchón estaba el cuerpo de Pablo destruido a lanzadas. Carla Cruz se echó a llorar a su lado cuando los Varela lograron abrir la puerta y entrar sobre ella, que despertó gritando. Junto a ella estaban Pedro y Esteban Franco, quienes la consolaron diciendo que aquello fue un sueño.
Entonces miraron hacia Pablo, que dormía aun en el suelo y acaso soñara con San Juan, ¿cómo podían saberlo? Sólo debían esperar a que despertara para preguntarle. La misión que los salvaría ya no parecía ser tan fácil como lo imaginaron al principio.


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