En su alegato ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 9 porteño, los fiscales Fernando Fiszer y Sandro Abraldes le atribuyeron a Mangeri la autoría de un "abuso sexual agravado seguido de muerte en concurso ideal con femicidio".

"El autor no fue otro que el señor Jorge Néstor Mangeri", dijo el fiscal Fiszer al iniciar el alegato ante los jueces Fernando Ramírez, Ana Dieta de Herrero, Jorge Gettas y Rafael Oliden, este último suplente. Fiszer relató cómo fue el crimen y enumeró las pruebas por las que debería ser condenado Mangeri, mientras que Abraldes fundamentó la calificación y fue quien pronunció las frases más duras para el imputado.

Fiszer dio por acreditado que aquel 10 de junio de 2013, a las 9.50, tal como quedó grabado en un video, Ángeles Rawson regresó de su clase de gimnasia e ingresó al hall del edificio donde vivía, pero no llegó a entrar a su departamento de la PB "A" porque Mangeri "se lo impidió".

A dos años del caso y pese a que en la instrucción no se pudo probar qué lugar del edificio fue la escena del crimen, hoy, por primera vez, la fiscalía se inclinó por la hipótesis de que todo ocurrió en el sótano.

Según Fiszer, Mangeri engañó a Ángeles para llevarla hasta allí: "Tengo las expensas, tengo correspondencia para tu madre, tengo uno de tus pines que se te cayó del bolso. Usó cualquier excusa para llevarla allí y llevar a cabo el ataque", teorizó. Además, dio a entender que alguien pudo haber lavado esa escena del crimen porque en el video del allanamiento que se hizo en ese sótano, "se observa un manchón de agua compatible con un baldeado".

Mencionó las lesiones paragenitales que probaban el ataque sexual y luego describió cómo Mangeri asesinó a Ángeles en "no más de cinco minutos" estrangulándola con su mano derecha y tapándole boca y nariz con la izquierda. Según el fiscal, ya con Ángeles muerta, Mangeri abandonó el sótano y dejó allí el cadáver "boca arriba por cinco o seis horas", hasta que transcurrido ese lapso volvió para atar el cuerpo con sogas en las que también se halló su ADN y un cabello suyo.

Para Fiszer, Mangeri aprovechó "la invisibilidad de la tarea cotidiana" y así colocó el cadáver en una de las tantas bolsas de residuos que sacó del edificio "sin que a nadie le llamara la atención si una bolsa pesaba más o menos". Abraldes mencionó que "la pena es castigo y ese castigo debe estar a la altura de lo que hizo el autor" y que por ello, para este caso, la prisión perpetua es "una pena justa".

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