Profunda consternación provocó en la comunidad de la parroquia San Pedro y San Pablo, del barrio San Pedrito, el ataque vandálico que destruyó el vidrio de la gruta de la Virgen de Guadalupe. Aparentemente se habría tratado de un botellazo.

Ese lugar de oración, a cuyo paso se detiene mucha gente, se construyó este año en la esquina de la avenida Almirante Brown y Zegada.

Se ubica en los cimientos mismos de la inmensa cruz amarilla que caracteriza a la jurisdicción parroquial de la zona Sur capitalina. Constituyó un arduo trabajo del párroco Miguel David Aciar junto a profesionales, voluntarios y miembros de la comunidad en general.

De allí que el artero ataque que sufrió el fin de semana pasado ocasionara un gran malestar.

El templo está ubicado en un sector muy visible del sector capitalino y tiene rejas de gran porte pero eso no impidió que ya fuera blanco de robos por parte de delincuentes.

El repudiable ataque a la gruta no hizo más que reforzar el pedido de los vecinos de la zona de contar con control policial y patrullajes.

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