TILCARA (Corresponsal). El fin del receso escolar porteño marca el cierre de este ciclo turístico invernal que comenzó, hace ya cuatro semanas, con la llegada de los cordobeses. Si bien es cierto que la afluencia fue numerosa, una mayor oferta comercial ha hecho que las ventas, individualmente, hayan mermado. Charlando con puesteros de la plaza de Tilcara así como con quienes trabajan la propuesta gastronómica, muchos concuerdan con que la importancia de los ingresos no ha sido la misma que en años anteriores.

Históricamente, las temporadas altas daban una ganancia que alcanzaba para el resto del año. Ahora concuerdan en decir que quedan hechos, cierto que hay que tener en cuenta que Tilcara, como otros centros turísticos quebradeños, reciben visitas no sólo en los meses que antes estaban dedicados a esta actividad, sino prácticamente durante todo el año.

Como muchos otros sitios turísticos, las calles del casco céntrico tilcareño empezaron a dividirse por rubros, concentrándose distintas ofertas más o menos amuchadas, pero el atractivo de nuestra cultura ha ampliado los lugares de visita hacia donde tradicionalmente no lo hacían.

El atractivo de nuestra cultura ha ampliado los lugares de visita hacia donde tradicionalmente no lo hacían.

Ejemplo de ello son las Ferias de Santa Anita que las escuelas armaron esta semana en el centro de la plaza, objeto a la vez de compras como de fotografías, y no eran pocos los que transitaban los puestos del mercado, sobre todo buscando papines y quinua que en sus lugares de origen se consumen y a muy alto precio.

Además de los circuitos que ofrece nuestra belleza paisajística, junto a la venta de artesanías se multiplicaron, en lo popular, las parrillas de tortillas que convocan a la merienda rápida, y las ofertas gourmet inspiradas en productos andinos o en comidas regionales. En los últimos días, lo artesanal convocó más porque llega la hora de comprar recuerdos.

En lo que hace a la parte urbana, el paseo del turismo se extendió, con variadas ofertas que van desde lo regional hasta lo abiertamente cosmopolita, a lo largo de varias de sus calles céntricas adonde dan las puertas de restaurantes y casas de artesanías, cuando la propuesta hotelera, que incluye cantidad de boutiques, es más amplia y se extiende por distintas calles del pueblo.

Si de estadísticas se trata, algunos resaltan el poder de consumo que, en las primeras semanas de este receso escalonado, tuvieron los vecinos cordobeses, pero desde el último lunes la presencia de visitantes fue mermando casi hasta alcanzar la imagen que se mantiene durante el resto del año.

El resumen de una apurada encuesta que realizamos entre comerciantes, deja la idea de que ya no se espera la temporada alta para quedar hecho el resto del año, pero que el resto del año ya no es tan silencioso como lo fuera antaño.

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