El culto a la Pachamama que se renueva en agosto, según la antropóloga y doctora en Historia e investigadora de la Universidad Nacional de Jujuy y del Conicet Gabriela Karasik, está vinculado a rituales agrarios que se extendían en todos los Andes. En tiempos antiguos se sumaba a otros cultos a todos los poderes del paisaje, pero que con el tiempo con los Incas y la colonización se concentró en la Pachamama.

El culto está vinculado a entender que a la sociedad y las personas no se las puede considerar separadas del ambiente sino que existen seres humanos y no humanos que tienen que establecer relaciones, es un dar y recibir porque se entiende que si no se la respeta puede castigar.

Además este culto estaba presente en el siglo XIX en los Valles Calchaquíes, en la zona de Jujuy, Santa Victoria y los Valles, además de Jujuy de lo cual hay evidencia que continuó. A lo largo del tiempo el fenómeno fue incorporado no sólo por los sectores populares que migraron a San Salvador, Ledesma y otras zonas, sino por las elites "como un hábito generalizado y como una marca de identidad".

No obstante, la antropóloga destacó la diferencia entre la utilización de la creencia de la Pachamama en sectores urbanos, por razones más estéticas, y los rurales o de origen popular, que lo viven con sinceridad, comerciantes que sienten que hay que agradecer.

Sobre la vinculación con la Iglesia, recordó que históricamente desde que inició la colonización luchó en una época llamada "de extirpación de idolatrías", tendiente a eliminar los pasos potencialmente peligrosos de la religiosidad e incorporar algunos. No obstante ha tenido una visión de tolerancia, y apropiación interesada inclusive con el "Carnaval", y por otro se fue incorporando por cuestiones ideológicas políticas, y el pueblo andino incorporó algo de la Iglesia mezcladas con sus creencias.

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