La canciller alemana, Angela Merkel, mantendrá su política ante la crisis de refugiados pese a la impaciencia de sus socios de gobierno y al creciente descontento de la población alemana, anunció el portavoz del gobierno en Berlín, Steffen Seibert.
En medio de la mayor crisis de refugiados en Europa en 70 años, Alemania, con una población envejecida y gran necesidad de mano de obra, recibió el año pasado a 1,1 millón de migrantes o solicitantes de asilo, en su mayoría sirios e iraquíes que huían de guerras en sus países.
La conservadora Merkel quiere reducir el número de arribo de solicitantes de asilo pero sin tener que cerrar las fronteras a todos los refugiados, pero la lentitud con que avanza su plan y los escasos resultados han inquietado a su coalición de gobierno.
El malestar popular aumentó sobre todo después del escándalo de la noche de Año Nuevo en la ciudad occidental de Colonia, donde cientos de mujeres fueron víctimas de robos y agresiones sexuales atribuidas a árabes y norteafricanos.
Ayer, el partido de Merkel, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), anunció que propondrá que Argelia, Marruecos y Túnez sean declarados "países seguros", lo que hará más fácil rechazar pedidos de asilo presentados por sus ciudadanos.
La propuesta fue acordada por los líderes partidarios, dijo Peter Tauber, secretario general de la CDU, que gobierna en coalición con el centroizquierdista Partido Social Demócrata (SPD).
El plan necesita el apoyo de la cámara baja del Parlamento (Bundestag), donde la alianza CDU-SPD tiene una mayoría aplastante, y en la cámara alta (Bundesrat).
El año pasado, Alemania declaró "seguros" a seis países de los Balcanes -Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia-, lo que implica que sus ciudadanos tienen muy pocas chances de recibir asilo en la nación europea.
Esta semana, Merkel tiene previsto reunirse con sus socios de coalición para discutir la cuestión de los refugiados, y en estos encuentros insistirá en que "tiene una agenda clara de temas nacionales y europeos".
Las críticas aumentan también dentro de la CDU. Muchos temen que la crisis de los refugiados termine pasando factura al partido en el "superdomingo" electoral del 13 de marzo, con comicios en tres estados federados.
Medio centenar de diputados de la CDU y la CSU firmaron una carta contra la política de refugiados de Merkel, según informó la prensa.
La idea original de los críticos era presentar una moción para que la votara todo el grupo parlamentario, pero la semana pasada rebajaron el tono y se conformaron con la carta, que entregarán el martes a Merkel.
Merkel rechaza cerrar las fronteras de Alemania y apuesta por una redistribución de solicitantes de asilo más igualitaria entre los socios europeos y por un acuerdo con Turquía para que el país deje salir a menos refugiados rumbo a Grecia.
La falta de resultados concretos impacientó al jefe de la CSU, Horst Seehofer, que el fin de semana amenazó con recurrir al Tribunal Constitucional si la canciller no cambia de rumbo las próximas semanas.
Y el vicecanciller Sigmar Gabriel (SPD) puso a Merkel un "ultimátum" para rectificar hasta junio.
Las encuestas coinciden en que un porcentaje cada vez mayor de la población reclama un viraje hacia una política de refugiados menos liberal y más restrictiva tras los ataques de Colonia.

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