El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, le pidió ayer a Donald Trump que deje de "quejarse", al tiempo que condenó las denuncias "sin precedentes" e "irresponsables" del candidato republicano sobre un posible fraude electoral en su contra para evitar que gane los comicios el 8 de noviembre.
"Lo invito, señor Trump a que deje de quejarse y vaya a conseguir sus votos", le dijo Obama durante una conferencia de prensa en el Rose Garden que brindó junto al primer ministro italiano, Mateo Renzi.
Y agregó que Trump "lloriquea antes de que el juego termine".
De cara a los comicios, el mandatario estadounidense subrayó que no había visto nunca en su vida, ni existen precedentes en la historia política moderna, de un candidato a la presidencia "tratando de desacreditar" unas elecciones antes de su celebración.
Desde hace una semana, Trump insiste, sin presentar pruebas, en actos y vía Twitter que las elecciones en las que se enfrentará a la demócrata Hillary Clinton están manipuladas "en las urnas" a favor de ella y que Obama ganó en 2008 en Carolina del Norte por poco más de 14 mil boletas y gracias a los votos de los indocumentados.
Las denuncias de Trump "aparentemente no están basadas en hechos" y "no muestran el tipo de liderazgo y fortaleza que uno quiere en un presidente", declaró Obama.
Y sostuvo que "una de las mejores cosas" que tiene la democracia de su país es que cuando se acaba una contienda política, que puede ser "implacable" a veces, "históricamente la persona que pierde felicita al ganador".
"Así es cómo la democracia sobrevive", porque es algo "más importante" que cualquier campaña, continuó Obama.
Trump, incluso, le pidió a sus seguidores que vigilen los lugares de votación para identificar un posible fraude. Esto aumentó los temores que el magnate se niegue a aceptar su derrota frente a Clinton.
Pero el presidente, que mandó a Trump a conseguir sus propios votos, también aprovechó la conferencia y calificó de "adulación" la relación del republicano con el presidente ruso, Vladimir Putin, y sostuvo que no encaja en el país ni en su propio partido.
Se trata de un acercamiento "sin precedentes en la historia de Estados Unidos", afirmó el mandatario demócrata y se mostró sorprendido ante la cantidad de miembros del Partido Republicano que mantenían una postura muy hostil respecto a Rusia y que ahora apoyan la posición de su candidato.

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