La ciudad iraquí de Kirkuk vivía en la jornada de ayer su segundo día de combates entre las fuerzas de seguridad de Bagdad y los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI), que lanzaron el viernes un espectacular y sangriento ataque.
Esta arremetida impresionó y mostró las capacidades del Estado Islámico para golpear fuera de zonas bajo su control, mientras las fuerzas iraquíes, con apoyo de la coalición internacional, prosiguen su séptimo día de ofensiva contra Mosul, último gran bastión de este grupo yihadista en Irak.
Un día después de este inesperado ataque yihadista contra Kirkuk, esta ciudad controlada por los kurdos seguía amenazada por potenciales kamikazes y francotiradores del EI, lo que obligó a Bagdad a enviar refuerzos.
Al menos dos civiles murieron como consecuencia de humos tóxicos liberados tras un ataque esta semana del grupo EI contra una fábrica de azufre cerca de Mosul, informó ayer a la prensa un general iraquí.

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