La primera ministra británica, Theresa May, anunció ayer que iniciará a fines de marzo de 2017 el proceso de negociación formal para la ruptura del Reino Unido con la Unión Europea (UE) y aseguró que el control de la inmigración será la base fundamental para la salida.
Al inaugurar el congreso anual del Partido Conservador de Birmingham, la primera ministra dio indicios de que la salida del Reino Unido de la UE se inclinará hacia un "Brexit duro", lo que sugiere que la recuperación del control de la inmigración será más importante que el acceso al mercado único europeo.
No obstante, May prometió que los derechos de todos los trabajadores de la UE que viven actualmente en el Reino Unido estarán protegidos mientras ella esté en el poder, pero aseguró que el control de la inmigración será la base fundamental en la negociación.
El anuncio de la primera ministra significa que el Reino Unido dejará la UE en marzo de 2019, antes de la próxima elección general.
May aclaró además que la supervisión de las negociaciones quedará totalmente en manos del gobierno y descartó por completo las peticiones de algunos políticos para que haya otro referendo sobre la UE.
"Vamos a ser un país soberano totalmente independiente, un país que ya no será parte de una unión política con las instituciones supranacionales que pueden anular los parlamentos y los tribunales nacionales", exclamó la primera ministra ante los delegados y agregó: "Eso significa que vamos por la libertad de nuestras propias decisiones y de la forma en cómo elegimos el control de la inmigración".
De esta forma, May despejó las especulaciones sobre el calendario del gobierno, una de las mayores incógnitas del Brexit, que había provocado incertidumbre entre empresarios y trabajadores del país, así como en la Comisión Europea y en otros países comunitarios.

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