La canciller alemana, Angela Merkel, reconoció ayer en un acto en Dresden que Alemania se enfrenta a "nuevos problemas" a 26 años de la reunificación del país y pidió afrontarlos con diálogo y respeto mutuo, en medio de abucheos e insultos de miembros de la ultraderecha y neonazis.
"Tras 26 años de reunificación, el Día de la Unidad es para la inmensa mayoría de los alemanes y para mí un día de alegría y de gratitud", dijo Merkel en el día en que Alemania celebra el fin de su partición por parte de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, en zonas bajo control occidental y control soviético.
El llamado al diálogo de la canciller se vio irónicamente opacado por insultos y abucheos que le propinaron miembros del grupo xenófobo Pegida tanto a ella como a los políticos y representantes públicos. Así, en medio de la lluvia y el frío, el pedido de diálogo quedó atravesado por los gritos de consignas como "traidores", "Merkel debe irse" o "­Fuera!".

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