A pocos kilómetros de San Salvador de Jujuy, las Salinas Grandes ofrecen un espectáculo único que se recorre en una caravana de llamas. Perderse en la inmensidad blanca justo entre el atardecer y la noche, permite ver caer el sol y la salida de las estrellas en un paisaje majestuoso.

Luego de un almuerzo en Purmamarca, rumbo a Salinas Grandes, se comienza a subir serpenteando la cuesta de Lipán. Un té de coca ayuda a los viajeros a evitar el mal de altura y, mientras se degusta, el juego consiste en encontrar vicuñas en el camino. Cada curva tiene escondida la sorpresa de un nuevo paisaje y hacia atrás queda una estela de otros ya recorridos.

El alto al camino es para disfrutar un tentempié con productos regionales: hay salame de llama, vino jujeño, queso de cabra y dulces caseros que tientan y entretienen hasta que finalmente llega el horario de la caída del sol, que centra la atención de los presentes.

La noche llega junto con el frío, así que es necesario abrigarse para ver las estrellas en un cielo absolutamente diáfano. La paz que se siente va de la mano con la conexión espiritual y por un momento todo queda en silencio.

El oasis de sal recibe a viajeros durante todo el año, pero depende el momento se aprecian diferentes postales. Cuando llueve el campo de sal brilla y se convierte en un espejo de agua, del mismo modo que dependiendo el momento del día la sal refleja el celeste del cielo, el turquesa de los piletones o el blanco más puro.

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