A tan solo un mes de su puesta en funcionamiento, "Infinito por Descubrir" ya cuenta con más de 400 socios que utilizan las instalaciones frecuentemente, que hasta el momento han generado más de 30 proyectos de investigación de todo tipo. Además continúan recibiendo a los niños y jóvenes entusiastas por aprender disciplinas que abarcan distintas ramas del arte, las ciencias y la tecnología.

Son más de 1.000 los estudiantes jujeños que a través de visitas guiadas junto a sus compañeros han visitado las instalaciones que funcionan en el marco de la Ciudad Cultural, en el barrio Alto Padilla, que cuentan con laboratorios de programación, diseño (desde gráfico hasta de indumentaria), música, robótica, videojuegos, biotecnología y numerosas disciplinas más.

"Infinito por Descubrir" (IxD) funciona como un centro de educación no formal, donde los niños y jóvenes de entre 6 y 18 años, tienen a disposición diversas herramientas, desde las más comunes hasta las más exóticas, para elaborar proyectos, ejecutar ideas y aprender en el proceso de realización. Está abierto de lunes a sábado entre las 10 y las 18, y es completamente gratuito.
En ese sentido, los responsables de la institución Belén Castro y Federico Salazar, explicaron que los "socios", como se denomina en IxD a los chicos, se inscriben en una grilla de propuestas por semana de diferentes disciplinas, que pueden variar según las mencionadas anteriormente.

"La idea es que se inscriban en las actividades disparadoras que duran una hora y media, y luego de realizar estas actividades tienen que continuar -no necesariamente en un solo espacio- sino que pueden plantear la necesidad de resolver alguna situación, venir con un proyecto que tengan ganas de hacer y se van acomodando a los diferentes avances con nuestros diferentes expertos y facilitadores", señaló Belén Castro.

En ese sentido, Salazar agregó que si bien los socios llegan con ideas y proyectos a IxD, el intercambio con sus pares juega un rol fundamental, ya que desde allí se activa el "por descubrir". "Acá uno de nuestros socios es escritor y descubrió que podía hacer el diseño de la tapa de su libro", pero en el intercambio con socios que trabajan en otras disciplinas se dieron cuenta de que pueden hacer un videojuego, y "ahora está desesperado por terminar la portada para empezar a pensar el juego", agregó Castro.

"Hay una retroalimentación y una reingeniería en virtud de lo que se encuentra acá y de la interacción", subrayó Salazar y agregó que "el intercambio que se produce a partir del trabajo en equipo entre los diferentes creadores es muy rico".

A partir de dicho intercambio, donde intervienen chicos que trabajan en los distintos talleres, lleva a pensar que son infinitas las posibilidades y las disciplinas que van surgiendo en la convivencia. "Cada vez que viene un chico con una idea se va dando la interdisciplinaridad, se van creando nuevos espacios y de repente terminan desarrollando el proyecto en un lugar en el que nunca se imaginaron estar", reflexionó Castro.

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