Después de una semana de ceremonias y de un cortejo fúnebre que recorrió casi toda la isla, las cenizas del ya mítico líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, realizaron ayer su camino final desde el Parque de la Revolución en la ciudad de Santiago de Cuba hasta el cementerio de Santa Ifigenia, donde fueron finalmente enterradas en una ceremonia privada que comenzó con 21 salvas militares y después de un solemne silencio las cenizas fueron colocadas en un espacio cercano al que tiene el Héroe Nacional José Martí.
Apenas unas horas antes, soldados vestidos con uniforme de gala de color blanco y un brazalete negro en los brazos en señal de luto habían conducido el cortejo que llevaba la urna de madera de cedro con las cenizas del líder cubano. A los costados, miles de personas habían roto el silencio y cantaron de manera espontánea el Himno Nacional.
El cortejo estuvo además acompañado por el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el general Leopoldo Cintra Frías, y los viceministros Ramón Espinosa Martín y Joaquín Quinta Solás, también generales.
Los restos de Castro llegaron el sábado a Santiago de Cuba tras recorrer en etapas y durante los pasados cuatro días los casi 1.000 kilómetros que separan La Habana de la ciudad del oriente cubano. El recorrido fue similar al de la llamada "Caravana de la Libertad" que el propio Fidel encabezó en 1959 tras derrocar al dictador Fulgencio Batista.
La noche del sábado la ciudad coronó el final del recorrido nacional con un masivo acto en la Plaza de la Revolución, en la que participaron más de medio millón de personas -según la televisión cubana-, varios líderes internacionales y el propio Raúl Castro, quien cerró la noche con un emotivo discurso.
A diferencia del cortejo de los últimos días y de las masivas ceremonias del fin de semana pasado que fueron públicas, el funeral de ayer en Santa Ifigenia fue privado y reservado a la familia de veterano líder y "personalidades especialmente invitadas", como los líderes de Venezuela, Nicolás Maduro; y Bolivia, Evo Morales, así como los expresidentes brasileños Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, según informaron medios locales.
Ni la prensa ni el resto del pueblo cubano tuvieron acceso al entierro de las cenizas.
Según medios oficiales cubanos, los restos de Castro fueron depositados en Santa Ifigenia cerca de donde reposan los de Martí, los del padre de la patria cubana, Carlos Manuel Céspedes, y de Mariana Grajales, madre de los generales independentistas José y Antonio Maceo.
Castro murió el 25 de noviembre pasado, a los 90 años, y su fallecimiento corona el clima de incertidumbre después de varios años de reformas económicas y el reciente acercamiento a Estados Unidos, todas medidas tomadas por su hermano y presidente del país, Raúl Castro, pero ratificadas por él.

El futuro de los cubanos
Raúl Castro, que gobierna desde 2006, cuando Fidel cayó enfermo, estará al frente de la isla hasta febrero de 2018, aunque después mantendrá su máximo cargo en el Partido Comunista de Cuba.
El sábado, durante el último acto de masas en memoria del histórico dirigente, el presidente juró que defenderá la revolución socialista.
"Ante los restos de Fidel (...) juramos defender la patria y el socialismo", proclamó emocionado el mandatario de 85 años.
Sin apartarse del régimen de partido único, Raúl Castro está empeñado en una serie de reformas para oxigenar el modelo de corte soviético mientras avanza en el proceso de acercamiento con Estados Unidos iniciado en diciembre de 2015.
En medio del embargo estadounidense, la lenta y cauta apertura ha permitido que los cubanos trabajen por cuenta propia en algunas actividades, viajen fuera del país libremente (con excepción de los médicos), y llegue más inversión extranjera.
"A corto plazo, probablemente no habrá muchos cambios en Cuba tras la muerte de Fidel. Habrá mucha cautela, especialmente con el próximo Gobierno de (Donald) Trump en Washington", opinó Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano en Washington.
Sin Fidel, "Raúl tendrá más margen de maniobra para tomar decisiones. Ya no necesitará la aprobación de su hermano mayor", añadió.
En lo inmediato deberá enfrentar la desaceleración de la economía golpeada en gran parte por la crisis en Venezuela, su mayor aliado.
"En momentos en que Raúl pasa la antorcha a la próxima generación, es muy importante que aceleren las reformas, porque el camino económico actual es insostenible", afirmó Ted Piccone, experto en América Latina del Brookings Institution.

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