Como parte de la Semana Santa, y en el inicio del triduo pascual, ayer la Iglesia Católica celebró la Misa Crismal en la que se bendijeron los óleos santos y el Santo Crisma que servirán para la administración de los sacramentos en las parroquias de la Diócesis. En la ocasión además, los sacerdotes y diáconos renovaron su compromiso con la iglesia, a fin de ser fieles transmisores de la misericordia de Dios.
Ante una multitud de fieles, quienes se congregaron en la tarde de ayer en el polideportivo del Colegio del Salvador, el obispo diocesano Cesar Daniel Fernández, presidió la eucaristía que fue concelebrada por más de 70 sacerdotes y diáconos de la Diócesis. El multitudinario evento contó además con la presencia de autoridades provinciales y municipales, abanderados de instituciones educativas, representantes de las fuerzas de seguridad y de distintos sectores de la sociedad, quienes escucharon atentos el mensaje de monseñor.
Sobre el comienzo de la celebración, el obispo procedió a la apertura de la "puerta santa" que simbólicamente se ubicó en el predio, a través de la cual pasaron consagrados, diáconos y presbíteros, como símbolo de su jubileo, en el marco del "Año de la Misericordia".
Durante la misa, monseñor Fernández procedió a la bendición de los óleos sagrados y el Santo Crisma que se emplearán en las parroquias durante este año para la administración de los sacramentos del bautismo, unción de los enfermos y la consagración sacerdotal.
Además los sacerdotes y diáconos renovaron ante el pueblo, el compromiso contraído durante la ordenación sacerdotal.
Vivir la misericordia de Dios Tras la lectura del evangelio, el obispo expresó su mensaje a los presentes haciendo especial mención al significado que tiene la unción. "En el evangelio Jesús se muestra como el ungido, el Mesías, el encargado de llevar la buena noticia a los pobres, desamparados. Ungido con el Espíritu Santo, Jesús se hace salvador, y restaura al Hombre".
Mas adelante señaló que el lema "Misericordiosos como el Padre", propone a los fieles "vivir la misericordia siguiendo el ejemplo de él, que nos pide no juzgar, sino perdonar y amar sin medida. Cristo da la vida por nosotros como el buen pastor lo hace con su rebaño".
En la oportunidad, además se dirigió a los sacerdotes y consagrados manifestandoles que su llamado, su unción es para hacer visible el amor de Jesús, para que a través de ellos cada hermano experimente la unción reconfortante del amor misericordioso de Dios, ya que cada hombre tiene la necesidad de saber que es amado por Dios. Destacó la labor de los ministros quienes deben dejar todo para ir detrás de Jesús y llevar la buena noticia de su amor, y los exhortó a seguir trabajando, haciendole conocer a cada hombre y mujer que "son hijos amados del Padre".
Finalmente, pidió al pueblo que recen por los sacerdotes y los consagrados, "porque llevamos este tesoro en vasijas frágiles; ayudennos con su oración, con su ejemplo y estimulo para poder vivir y morir ungiendo toda injusticia, todo desamor, con el consuelo del amor de Dios".

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