La frontera se enfrió. El comercio entre La Quiaca y Villazón (Bolivia) está prácticamente paralizado, nadie compra ni vende, argentinos y bolivianos que viven en la zona están preocupados.
La caída de la actividad económica genera un caldo de cultivo que podría desencadenar en una gran problemática social como la falta de empleo y pobreza.
La mirada hacia el interior jujeño a veces es solo de reojo o en tiempos electorales, hasta ahora la Puna sigue postergada especialmente en lo que respecta a fuentes de trabajo genuina, el norte de la provincia no termina en la Quebrada, sino hay otros 160 kilómetros más por recorrer donde miles de argentinos hacen patria.
La Quiaca creció al ritmo del comercio, actividad que siempre fue generadora de puestos laborales que actualmente por las medidas económicas a nivel nacional están perdiéndose.
La zona comercial de las calles Árabe Siria, 9 de Julio, Bolívar y Sarmiento en los últimos meses comenzó a mostrar un panorama similar al de los años noventa, con comercios cerrados y poca actividad.
Los comerciantes, estibadores, taxifleteros, carritos de mano, pasadores entre otros están preocupados ante la merma de las actividades mercantiles. Los factores principales son dos; la libre exportación y la suba en los precios del lado argentino. La economía en la zona de frontera gira en torno al comercio.
La Quiaca no cuenta con fábricas, pymes o cualquier otra alternativa de producción para ocupar mano de obra, una parte de la población es empleada del estado nacional o provincial, el grueso vive de la compra y venta ya sea mayorista o minorista, también de pequeños emprendimientos
Recesión
Los vaivenes económicos ligados a la inestabilidad de la región siempre favorecen a un lado u otro de la frontera, desde hace cuatro meses el Pórtico Boreal patrio sufre esas consecuencias.
Los camiones ya no hacen un alto para descargar mercaderías cruzan hacia Bolivia directamente con esto solo se favorecen los grandes empresarios quienes obviamente no están asentados en la zona.
La consecuencia es directa estibadores quiaqueños y bolivianos tienen menos trabajo que se traduce en magros ingresos. Los carritos de mano realizan menos viajes por día con los taxiflet ocurre lo mismo, solo les alcanza para el día.
Los comerciantes que antes contaban con cupos de harina, aceite, arroz y azúcar viven en carne propia como lentamente los tiempos de bonanza pasaron, en tanto los que se dedicaban a rubros diferentes tampoco venden.
Sucede que Bolivia es un país importador, siempre busca precios al mejor postor, como en Argentina la inflación hizo todo suba el capital boliviano compra directamente en otros países limítrofes tal es el caso de Chile, Perú y Brasil. El 80 por ciento de las ventas comerciales depende de Bolivia, mientras el resto a los departamentos Yavi y Santa Catalina.
La recesión comienza a traer sus efectos para junio la mayoría habrá cerrado sus puertas ante la imposibilidad de solventar obligaciones fiscales, sueldos y demás. Un triste número pasará a ser parte de la estadística nacional, unas 1500 familias perderán sus puestos de trabajo en La Quiaca y otras tres mil del lado boliviano.

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