La dramaturga Griselda Gambaro fue homenajeada con el Premio a la Trayectoria en el marco de la 31º Fiesta Nacional del Teatro que se celebra en San Miguel de Tucumán, organizada por el Instituto Nacional de Teatro.
Mujer culta, reservada y comprometida con su tiempo, Gambaro, cuyos "Relatos reunidos" acaban de ser publicados por Alfaguara, destacó la importancia de este premio, tanto por los vínculos afectivos como profesionales que la unen a Tucumán, el teatro y la fiesta que reúne la producción de todo el país.
"Por lo general he aceptado premios de instituciones o fundaciones con las que estaba de acuerdo ideológicamente y este en particular me alegra porque está dentro de la Fiesta Nacional del Teatro, en una provincia que quiero mucho, porque uno la quiere desde la niñez, cuando es escolar", dijo la dramaturga.
La autora de "Malasangre" destacó la labor del director ejecutivo del INT, Marcelo Allasino, "una persona formada y probadamente honesta", en quien depositó toda su confianza intelectual en tiempos de cambio que calificó como "inciertos, con mucha tristeza que se evidencia en el ánimo de la gente".
- ¿Qué significa para usted este premio, luego de haber recibido tantos?
Griselda Gambaro: Siempre es bueno; si a uno no le dan un premio no pasa nada, pero si se lo dan es un estímulo, sobre todo si lo recibo de gente que aprecio, porque eso es lo importante: que no venga de cualquier lado, que sea un premio que uno puede considerar con cariño o con respeto. Yo trabajo con la imaginación de mi única cabeza, por lo que en resumidas cuentas resulta un trabajo solitario hasta que uno se conecta con un director y con los actores, pero el trabajo del escritor siempre es solitario; y de pronto un reconocimiento de este tipo quiebra esa soledad.
-¿Cómo es su relación con el público y con la crítica?
GG: No soy una figura de popularidad masiva pero tengo lo que yo llamaría "mi público", gente que me reconoce, para la que significo algo, que respeta mis palabras o lo que digo en las piezas o en mis novelas... -Hoy hay un número de dramaturgas que no existía cuando usted debutó, hace ya 50 años. ¿Las siente sus herederas?
GG: Yo no creo que tenga "herederas", lo que sería muy pretencioso de mi parte, pero sí sé que hay una generación de dramaturgas que en mi época no existía; estaba yo, Alma Bressan y dos o tres más, pero no había lo que hay en el día de hoy, que es ya la segunda generación de dramaturgas; creo que las mujeres están trabajando en paridad con los hombres.
- ¿Se considera una escritora feminista?
GG: Mis primeras obras eran totalmente de hombres, porque en "Los siameses" y "Las paredes" figuraban varones, no había mujeres, pero creo que el mundo de las mujeres estaba implícitamente. Cuando escribí la novela "Ganarse la muerte", que acá fue prohibida.
Enseguida se hizo la traducción al francés para una editorial de mujeres, Éditions des Femmes, y cuando me invitaron a París a trabajar en la traducción y presentar el libro, también hicieron trabajo proselitista sobre el feminismo, del cual yo no era muy consciente, ya que tenía actitudes feministas por naturaleza, y a partir de ahí me concienticé bastante.

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