Sostiene que su principal anhelo al ingresar a este diario, en los primeros años de la década del 80, era que la nueva propuesta informativa, en ese entonces, se mantuviera en el tiempo y con ello la fuente laboral, un verdadero desafío en momentos en los que la noticia era casi patrimonio de un par de medios en Jujuy.

Es más, varias publicaciones habían quedado en el camino sin pena ni gloria, y muchos creían que El Tribuno de Jujuy iba derecho a correr la misma suerte. Para colmo a los tres meses su deseo casi queda incumplido, lo que hubiera sido injusto para una persona que trataba de recuperarse del doloroso exilio fuera del país por la dictadura militar y, sobre todo, por todo lo que vino después.

Sin dudas que lo que deseaba se concretó. Este diario no solo se mantuvo sino que dio un fenomenal salto en su crecimiento en un momento en que en el país todo se venía abajo, al comienzo del nuevo milenio.

A partir de ese instante formó parte del comando de un equipo, que lo eligió en forma unánime para que lo fuera, que hizo que este diario se convirtiese en uno de los pocos medios del país que creciera de la forma en que lo hizo. En ese contexto, que tuvo otros obstáculos, demostró su capacidad de liderazgo y de docencia, fijando una línea que en ese tiempo se convirtió en una especie de matríz editorial, y que lo hizo único en la provincia. Fue tal la identidad que ganó El Tribuno de Jujuy, que fue elogiado por consultores internacionales que se mostraron sorprendidos por el convencimiento que había por ese rumbo y por querer profundizarlo.

A Ricardo Martínez lo conozco hace casi treinta años y para mi como a varios otros que tratamos de hacer periodismo, marcó una importante huella que se extendió más allá de la redacción, y que gracias a Dios lo sigue haciendo, ya que sus reflexiones y experiencia son un verdadero nutriente para enriquecernos. Dice que los periodistas rendimos examen todos los días, ya que no solo debemos detectar dónde está el hecho que puede convertirse en una noticia, sino que hay que "hacerlo" atractivo para aquel que busca informarse. Y para eso estar al tanto de todo lo que ocurre, además de tener una sólida formación y vocación por lo que se hace, son las claves para un periodista que se precie como tal. En esto también le da gran importancia al encuentro periódico (la tertulia, como dice el) de quienes comparten esta ocupación, porque el intercambio de experiencias, de puntos de vista y hasta de prejuicios contribuyen al "masaje"del periodista.

Subraya que si un periodista siente la necesidad de valorar su labor, es imprescindible hablar de ella, comparar con otras tareas, tener una visión crítica sobre lo que hace falta para poder mejorar el servicio individual y colectivo. Al respecto señala que los principales enemigos en esta tarea son el aislamiento, la pereza intelectual y la rutina. Con frecuencia habla en blanco y negro, para ejercitar la memoria sobre hechos y personas, sobre todo los de este "pago chico". Para el evocar es compulsivo, y sus registros están estrechamente ligados con las emociones, su forma para hacerlos propios. Lo que le ha servido en su tarea como periodista en El Tribuno de Jujuy y en la Agencia Telam al momento de recrear una noticia. Más allá de las enseñanzas que sigue dejando, a Ricardo Martínez debo agradecerle haberme hecho apreciar la tarea del periodista, de su importancia en una sociedad que tiene el derecho a acceder a una información ecuánime, en la que tengan espacio todos los puntos de vista, para que se tenga una idea completa de lo quiere conocer.

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