La artista boliviana ofrecerá esta noche su música a las 21, en el Centro Cultural Coquena, como parte del ciclo de Cantautores Latinoamericanos "Visionarios" que se está desarrollando en Jujuy. Mañana además, presentará su libro, a las 18, en este mismo espacio.

Es cantautora, socióloga, master en Musicología y doctora en Antropología Social. De ahí su preocupación por registrar y contar la historia a través de la música. Su libro se titula "Historia de los Boleros de Caballería (música, política y confrontación social den Bolivia)".

Estás de regreso por Jujuy después de haber participado el año pasado del encuentro de músicos "Huellas Argentinas"...

Estoy muy feliz de estar acá. Para mí es muy importante seguir dándole cuerda a esta maravilla que fue "Huellas Argentinas" en el que nos encontramos distintos músicos de Argentina y de Bolivia. Como una continuación de ese encuentro, me encuentro hoy en Jujuy para dar este recital.

Tenés 7 discos y este libro que traes para presentar también en Jujuy ¿Cómo es transitar estos dos caminos, el de la artista y de la estudiosa social de la realidad de tu país sobre todo?

La verdad es que yo he empezado cantando en la universidad en las épocas de las dictaduras militares. La verdad es que como generación nos comprometieron a mirar el país y a mirar la realidad social que nos caracterizaba o lo que en ese momento vivíamos. Comencé trabajando investigaciones de música relacionada a los hechos más importantes de la historia política de nuestro país. Uno de estos fue la Guerra del Chaco, que de los años 32' a 35' tuvimos con el Paraguay. Fue un primer acercamiento a escuchar la música relacionada con la historia y a ver de qué manera la música expresaba lo que en un determinado momento se estaba viviendo. En este caso, fue una guerra que pone muy sensible a toda una sociedad. Es un hecho que nos duele y que perturba nuestra cotidianeidad, y genera por lo tanto expresiones de sensibilidad mayor a través de la música, la literatura y la pintura, entre otras. En un primer momento entonces trabajé investigando la relación entre la música y la sociedad, y posteriormente he seguido haciendo investigaciones de esta manera. Y cantando vengo ligada también a todo lo que se llamó "la nueva canción latinoamericana" y es allí donde salí a cantar en distintos festivales, donde nos encontrábamos cantautores de América Latina que clamábamos por el retorno de la democracia en nuestros países. Así compartí el escenario con Silvio Rodríguez, con Susana Baca, con León Gieco, Lito Nebbia, Juan Balietto, con Mercedes Sosa con quien nos encontramos en el Festival de la Canción Política en Berlín, etc. Esta tradición es la que ha marcado profundamente y de manera definitiva lo que yo hago cuando canto. Cuento nuestras historias, las historias de nuestras tierras, para explicarnos como país en el presente. Cuento las historias que nos han relacionado como generación a lo que fue el nuevo cine, la nueva literatura, la nueva canción. Por otra parte tengo una creación de canciones propias, inspiradas sobre todo en las raíces culturales de la historia boliviana.

¿Ha habido en algún momento en que la música no haya reflejado tanto la actualidad política, la realidad social o la historia de su pueblo?

Yo creo que sí, y me parece que una explicación. Por ejemplo en la etapa en que recuperamos la democracia en Bolivia, hasta ese momento que es el año '82, después de varios golpes de estado muy duros como el de Luis García Meza que estaba ligado al narcotráfico donde desaparecieron líderes muy importantes como Marcelo Quiroga Santa Cruz –que fue el primero en sostener un discurso que sentó la bases para parar la impunidad de los crímenes políticos, manifestó hacer un juicio de responsabilidades-. Cuando se logró la recuperación de la democracia, fue como que la sociedad se tranquilizó, y las canciones que se cantaban para reclamar, para apoyar, para solidarizarse, dejaron de tener este perfil de importancia, entonces en ese momento, en el '85 se instala un esquema neoliberal muy fuerte, que establece a la mercancía y el consumo como el centro fundamental de una dinámica social que fue matando una vena creativa, nueva que se empezaba a perfilar con voces propias. Fueron como aplastadas, y creo que a partir de ese momento estamos un poco estancados en ese consumismo. No sé si a los chicos ahora les quedan como a nosotros nos quedaron ciertas zambas, valses, canciones que hasta hoy recordamos con nostalgia y las cantamos con toda el alma. Ahora la música pasa muy rápido, cambia muy rápido la moda.

¿A qué le cantas hoy?

Principalmente me interesa recuperar en este trabajo de investigación lo que fue la música boliviana, porque entre las fallas que tuvimos en la construcción de nuestros países en estas últimas décadas, te diría que una es no haber creado buenos archivos de música. Las tradiciones de las canciones, de las expresiones de los pueblos indígenas, de los sectores populares, etc., han quedado marginadas y pedidas, porque en su, mayor parte son de transmisión oral. Si tu no vas y registras, sabes de dónde vienen, para qué se tocaron, qué simbolizan, entonces se pierde el sentido de lo que se podría usar o conocer ara proyectar una identidad. En ese sentido lo que a mí me interesa es crear un archivo de la voz y de la música boliviana.

Por eso, lo que hago yo es un concierto en donde complemento la investigación, hablando de lo que fue la guerra. Porque la guerra no debería existir más, porque dejan mucho dolor y que dañan nuestros procesos. Hablo de eso, porque es la mejor expresión de la música criolla mestiza de Bolivia, de los primeros 50 años del siglo XX. Otra parte de mi trabajo es contar a través de las canciones, las poéticas a las que estaban ligada estas nuevas canciones, y entonces hablo de Violeta Parra, de Mercedes Sosa y Víctor Jara.

Por otra parte doy a conocer también lo que yo compongo.

¿Qué es el bolero de caballería del que habla tu libro?

El bolero de caballería es un género musical que acompañó a una de las primeras guerras, la de Pacífico, donde perdimos la salida al mar. Los boleros acompañan ese momento de derrota cuando el ejército vuelve después de haber perdido el mar.

Pero el bolero viene de España, se acompaña con castañuelas y palmas, y se transforma a lo largo del siglo XIX, a partir de este emergente nuevo país. Se junta con una canción muy melancólica, prehispánica, que son los yaravís. De la unión del bolero español y el yaraví, nace el Bolero de caballería, cuya característica es que fue principalmente tocado por bandas militares en las retretas.

El bolero de caballería se arraiga en el imaginario del pueblo ligado a hechos tremendos como son las guerras. Se escucha de nuevo en la Guerra de Lacre con Brasil, cuando el bolero de caballería está ya presente, como acompañando a los soldados que salen hacia la guerra. Va fijando en el pueblo boliviano una suerte de sensación trágica. Es decir cuando suena el bolero de caballería es porque hay revolución, o un golpe de estado.

Me parecía un género muy interesante que estaba quedando marginado, y he logrado recuperar 120 piezas musicales de los siglos XIX, XX y XXI. En el presente se tocan sólo dos boleros. La investigación me enseñó la historia del propio país.

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