Michel Temer asumió la presidencia de Brasil, en una ceremonia en el mismo Senado que este miércoles condenó a Dilma Rousseff y puso fin a los gobiernos de la izquierda en el gigante sudamericano.
En un acto breve, Temer, de 75 años, exvicepresidente de Rousseff y ahora su enemigo jurado, juramentó el cargo hasta 2018, ante los mismos senadores que por 61 votos (de 81) condenaron y destituyeron a la exguerrillera.
El flamante Presidente le ordenó a sus ministros que desmonten la tesis del "golpe" defendida por la ahora exmandataria, ya que el recambio tuvo lugar "dentro del más estricto marco constitucional".
"A quienes les digan golpistas, respondan golpistas son ustedes, que están en contra de la Constitución", porque el proceso contra Rousseff fue hecho "dentro del más estricto marco constitucional", declaró en su primer encuentro con su gabinete tras jurar el cargo ante el Congreso.
"Nosotros no promovimos una ruptura constitucional" y "hemos sido de una discreción absoluta" frente al juicio político que enfrentó Rousseff y que acabó con su destitución, decidida por el Senado.
Temer recordó que todas las fases del proceso fueron supervisadas por la Corte Suprema, cuyo presidente, Ricardo Lewandowski, dirigió personalmente las etapas finales del juicio político, que Rousseff hoy, consumada su destitución, insistió en definir como un "golpe de Estado parlamentario".
Más allá de las consideraciones políticas, Temer se refirió a la aguda crisis económica del país y, sobre todo, a los doce millones de desempleados que se calcula que existen hoy en Brasil.
Pidió a sus ministros que le ayuden a "poner a Brasil sobre los rieles" del crecimiento económico y les advirtió que ahora ocupan "otra posición", porque el Gobierno ha dejado atrás la condición de interino que tuvo desde el pasado 12 de mayo, cuando Rousseff fue suspendida de sus funciones.
Temer aseguró que, desde que está en el poder, ha logrado tejer una "extraordinaria relación" con el Congreso, a la que en buena medida atribuyó la decisión adoptada ayer por el Senado, que desalojó del poder a Rousseff.
"Tenemos un horizonte de dos años y cuatro meses", indicó sobre el mandato que asume, que concluye el 1 de enero de 2019, y dijo que "a partir de hoy la exigencia será mucho mayor", pues la sociedad "espera que se haga todo aquello de lo que hemos alardeado" y se contenga la crisis económica del país para bien de todos los brasileños.

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