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Las rutas de la muerte rodean la capital jujeña

Domingo, 18 de septiembre de 2016 01:30
<div>ACCESO SUR/ CRUCES CRIMINALES EN UN NUEVO TRAMO DE ALTO TRÁNSITO VEHICULAR PARA EL INGRESO Y EGRESO DE LA CIUDAD CAPITALINA.</div><div>
Rodeando la ciudad de San Salvador de Jujuy, existen áreas liberadas para que uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, se enseñoree en contra de la vida misma. El periodismo -interpretando un clamor popular- viene alertando esta situación desde hace años, y generalmente, ha recibido como respuestas "palabras autorizadas" de funcionarios y técnicos que siempre desestimaron los reclamos, o simplemente no les llevaron el apunte. Viniendo desde el sur, la confluencia de las rutas 66, autovía que une el Aeropuerto "Horacio Guzmán" con la capital jujeña, 9 que viene desde El Carmen y Alto Comedero, y 1 que une por la zona baja Palpalá y Río Blanco con el sector de barrio Malvinas y San Pedrito son un caso especial. Saliendo hacia el norte, la ruta nacional 9, en el famoso tramo San Salvador de Jujuy - Yala, es otro de los casos puntuales. El tramo de la ruta 56 que cruza los barrios Chijra, Bajo y Alto La Viña como su avenida principal, es otra comarca de alto riesgo sin iluminación, sin banquinas, sin demarcar y llena de baches. Frente a los renovados reclamos por la cantidad de accidentes y muertos y a la preocupación expresada por legisladores, dirigentes vecinales y conductores y transeúntes en general, el Gobierno de la Provincia respondió por boca del gobernador: "Esa es la herencia que nos dejaron". Es verdad que tal vez, haya habido negligencias, despreocupación por resolver los problemas, y corrupción en el manejo de fondos y control de obras. Pero ese tema deberá resolverlo la Justicia si así corresponde. Se debe recordar sin embargo, que el Gobierno de la ciudad, hoy del mismo signo del provincial, viene gobernando desde hace ocho años, sin haber hecho absolutamente nada por evitar los males o al menos morigerarlos, dentro de la obligación que tuvo y tiene sobre todo lo que se realiza en su ejido urbano. Pero no es menos cierto que el nuevo Gobierno ya debería poner todos sus mejores esfuerzos en corregir lo que está mal y realizar rápidamente lo que se deba hacer para evitar más muertes.

Un retorno entre Palpalá y el aeropuerto, por favor
Hablando de la ruta 66 que une San Salvador de Jujuy con el Aeropuerto Guzmán debemos volver sobre la imperiosa necesidad de dotar a esa autovía de algunos retornos para los vehículos. Desde Jujuy a Palpalá, 9 kilómetros, recién se construyó un retorno al colocar un puente a la altura del ingreso a los barrios de Alto Comedero, pero desde Palpalá hasta el Aeropuerto y la entrada a Ciudad Perico, más de 25 kilómetros, no existe la posibilidad de un retorno. A raíz de ello, a lo largo de la autopista se observan decenas de huellas realizadas por automovilistas que deben volver y simplemente, atraviesan la zona entre cintas asfálticas y girando en "U", retoman el camino. Cuántas muertes causó esa desaprensiva actitud de los conductores. Pero se debe decir, que nadie quiere retomar por capricho o por gusto, sino por necesidad. Una necesidad que los genios constructores jamás previeron. Si hace falta tener algún ejemplo, odioso, pero ejemplo al fin, invitamos a los responsables a transitar la autovía desde Torzalito (Güemes) hasta Salta, para que tomen nota y copien de cómo se le da a un camino de esas características un ingrediente seguro y sencillo para hacer mas segura la circulación.
En el acceso sur capitalino, todo al revés
Es increíble recordar que hubo funcionarios que anunciaron en algún momento que el diseño y la realización de los cruces en el acceso sur, habían recibido un premio nacional. O los que premiaron fueron sommeliers o una cámara de talleres de chapa y pintura, o alguna comunidad británica donde el tránsito circula por la izquierda, para no advertir que las trazas y los cruces son simplemente criminales. En rutas de alta velocidad, los conductores que tranquila y normalmente vienen circulando por carriles rápidos (los de la izquierda) de pronto se ven sorprendidos y deben cuidarse de vehículos que también a gran velocidad se incorporan a las rutas troncales apareciendo precisamente desde la izquierda. Los frenazos, bocinazos, esquives peligrosos, cuando no choques y muertes, son cosa de todos los días. El sentido común -no hace falta ser ingeniero vial- indica que para tan intensidad de tránsito, la incorporación a la ruta principal, se debe hacer siempre por los carriles más lentos, con banquinas de espera suficientemente largas y anchas. Y para ello, se debe cruzar la troncal por puentes elevados por túneles soterrados. En Jujuy, todo al revés, ¿encima recibió un premio? Ni qué hablar del adefesio de los altos paredones que cortan el sector sur de la ciudad y generan una contaminación visual de características espantosas. Tal vez recuerden los jujeños la enorme cantidad de añosos árboles -lapachos, palos borrachos, etc- que se arrancaron para esa obra, con la promesa jamás cumplida de reforestar con las mismas especies. Quizás premiaron alguna maqueta que quedó en eso: un proyecto que la realidad negó de punta a punta.
Ya que estamos, se debe agregar que la ubicación de la Terminal de ómnibus "General Manuel Eduardo Arias", añade al nudo de tránsito un motivo más de escándalo en la circulación y de peligro de accidentes y de muertes, porque además de la gran enorme cantidad de motocicletas, bicicletas, automóviles, camiones y camionetas, se debe tener en cuenta las gigantescas presencias de los colectivos de larga y media distancia que, como es común en ellos, se hacen lugar imponiendo su gran porte. Ahora hablan de colocar retardadores, o los famosos "lomos de burro" recurso tan torpe como discutido, que sirve siempre para destrozar trenes delanteros o para producir frenazos de los conductores más desprevenidos. Ya todo está como está. Si hubo desinterés, impericia, negociados o indolencia, que la administración o la Justicia se encarguen de ello y que los responsables, todos los responsables, por acción u omisión, respondan. Pero seguir echando culpas no alcanza. Es tiempo de hacer algo.


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Rodeando la ciudad de San Salvador de Jujuy, existen áreas liberadas para que uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, se enseñoree en contra de la vida misma. El periodismo -interpretando un clamor popular- viene alertando esta situación desde hace años, y generalmente, ha recibido como respuestas "palabras autorizadas" de funcionarios y técnicos que siempre desestimaron los reclamos, o simplemente no les llevaron el apunte. Viniendo desde el sur, la confluencia de las rutas 66, autovía que une el Aeropuerto "Horacio Guzmán" con la capital jujeña, 9 que viene desde El Carmen y Alto Comedero, y 1 que une por la zona baja Palpalá y Río Blanco con el sector de barrio Malvinas y San Pedrito son un caso especial. Saliendo hacia el norte, la ruta nacional 9, en el famoso tramo San Salvador de Jujuy - Yala, es otro de los casos puntuales. El tramo de la ruta 56 que cruza los barrios Chijra, Bajo y Alto La Viña como su avenida principal, es otra comarca de alto riesgo sin iluminación, sin banquinas, sin demarcar y llena de baches. Frente a los renovados reclamos por la cantidad de accidentes y muertos y a la preocupación expresada por legisladores, dirigentes vecinales y conductores y transeúntes en general, el Gobierno de la Provincia respondió por boca del gobernador: "Esa es la herencia que nos dejaron". Es verdad que tal vez, haya habido negligencias, despreocupación por resolver los problemas, y corrupción en el manejo de fondos y control de obras. Pero ese tema deberá resolverlo la Justicia si así corresponde. Se debe recordar sin embargo, que el Gobierno de la ciudad, hoy del mismo signo del provincial, viene gobernando desde hace ocho años, sin haber hecho absolutamente nada por evitar los males o al menos morigerarlos, dentro de la obligación que tuvo y tiene sobre todo lo que se realiza en su ejido urbano. Pero no es menos cierto que el nuevo Gobierno ya debería poner todos sus mejores esfuerzos en corregir lo que está mal y realizar rápidamente lo que se deba hacer para evitar más muertes.

Un retorno entre Palpalá y el aeropuerto, por favor
Hablando de la ruta 66 que une San Salvador de Jujuy con el Aeropuerto Guzmán debemos volver sobre la imperiosa necesidad de dotar a esa autovía de algunos retornos para los vehículos. Desde Jujuy a Palpalá, 9 kilómetros, recién se construyó un retorno al colocar un puente a la altura del ingreso a los barrios de Alto Comedero, pero desde Palpalá hasta el Aeropuerto y la entrada a Ciudad Perico, más de 25 kilómetros, no existe la posibilidad de un retorno. A raíz de ello, a lo largo de la autopista se observan decenas de huellas realizadas por automovilistas que deben volver y simplemente, atraviesan la zona entre cintas asfálticas y girando en "U", retoman el camino. Cuántas muertes causó esa desaprensiva actitud de los conductores. Pero se debe decir, que nadie quiere retomar por capricho o por gusto, sino por necesidad. Una necesidad que los genios constructores jamás previeron. Si hace falta tener algún ejemplo, odioso, pero ejemplo al fin, invitamos a los responsables a transitar la autovía desde Torzalito (Güemes) hasta Salta, para que tomen nota y copien de cómo se le da a un camino de esas características un ingrediente seguro y sencillo para hacer mas segura la circulación.
En el acceso sur capitalino, todo al revés
Es increíble recordar que hubo funcionarios que anunciaron en algún momento que el diseño y la realización de los cruces en el acceso sur, habían recibido un premio nacional. O los que premiaron fueron sommeliers o una cámara de talleres de chapa y pintura, o alguna comunidad británica donde el tránsito circula por la izquierda, para no advertir que las trazas y los cruces son simplemente criminales. En rutas de alta velocidad, los conductores que tranquila y normalmente vienen circulando por carriles rápidos (los de la izquierda) de pronto se ven sorprendidos y deben cuidarse de vehículos que también a gran velocidad se incorporan a las rutas troncales apareciendo precisamente desde la izquierda. Los frenazos, bocinazos, esquives peligrosos, cuando no choques y muertes, son cosa de todos los días. El sentido común -no hace falta ser ingeniero vial- indica que para tan intensidad de tránsito, la incorporación a la ruta principal, se debe hacer siempre por los carriles más lentos, con banquinas de espera suficientemente largas y anchas. Y para ello, se debe cruzar la troncal por puentes elevados por túneles soterrados. En Jujuy, todo al revés, ¿encima recibió un premio? Ni qué hablar del adefesio de los altos paredones que cortan el sector sur de la ciudad y generan una contaminación visual de características espantosas. Tal vez recuerden los jujeños la enorme cantidad de añosos árboles -lapachos, palos borrachos, etc- que se arrancaron para esa obra, con la promesa jamás cumplida de reforestar con las mismas especies. Quizás premiaron alguna maqueta que quedó en eso: un proyecto que la realidad negó de punta a punta.
Ya que estamos, se debe agregar que la ubicación de la Terminal de ómnibus "General Manuel Eduardo Arias", añade al nudo de tránsito un motivo más de escándalo en la circulación y de peligro de accidentes y de muertes, porque además de la gran enorme cantidad de motocicletas, bicicletas, automóviles, camiones y camionetas, se debe tener en cuenta las gigantescas presencias de los colectivos de larga y media distancia que, como es común en ellos, se hacen lugar imponiendo su gran porte. Ahora hablan de colocar retardadores, o los famosos "lomos de burro" recurso tan torpe como discutido, que sirve siempre para destrozar trenes delanteros o para producir frenazos de los conductores más desprevenidos. Ya todo está como está. Si hubo desinterés, impericia, negociados o indolencia, que la administración o la Justicia se encarguen de ello y que los responsables, todos los responsables, por acción u omisión, respondan. Pero seguir echando culpas no alcanza. Es tiempo de hacer algo.