Tres mujeres fueron asesinadas el último mes por sus parejas durante visitas en el penal donde cumplían condenas por asesinato o esperaban ser juzgados por femicidios, elevando a 7 las víctimas en los últimos ocho años por esa modalidad, que creó un insólito territorio donde los machistas también matan: dentro de la propia celda.
La violencia de género y su expresión máxima, los femicidios, atraviesan todos los sectores sociales, las edades y las geografías.
La organización social La Casa del Encuentro relevó los asesinatos de mujeres en los lugares de detención de sus parejas, concluyó que los crímenes se expanden en distintos puntos del país como Salta, Entre Ríos, Santa Cruz, Tucumán, Córdoba y la provincia de Buenos Aires.
El 21 de diciembre último Elizabeth Aguirre fue a visitar a su pareja Henry Coronado al penal de Villa Urquiza en Tucumán, donde el hombre la mató.
Un doble femicida, al igual que Gabriel Herrera, que mató el 5 de enero de este año en Salta a Andrea Neri en el penal Villa Las Rosas, como lo había hecho con su ex, Verónica Castro, en la cárcel de Metán.
Las estadísticas tienen nombre, historias y surge una pregunta: ¿Por qué una mujer continúa visitando en la cárcel a un femicida?
"Esa pregunta, una vez más, coloca la responsabilidad en la víctima y la vuelve a asesinar", responde Ada Rico, presidenta de la ONG La Casa del Encuentro que desde 2008 registra los femicidios cometidos en Argentina.
Los motivos de estas mujeres "son muchos, diversos, complejos. Porque la manipulación que ejerce el agresor sobre ella, a quien considera "de su propiedad", trasciende los muros, aún los de las cárceles".
La mujer "tiene que "obedecer" y continuar viendo a su pareja, porque sabe que en algún momento él saldrá en libertad y que el precio que deberá pagar por su "desobediencia" será muy alto. Muchas veces pagará con su vida o con la vida de sus seres queridos", analizó la dirigente.
Para Rico también hay una explicación "en la construcción cultural del amor romántico, que es para toda la vida y que todo lo entiende y todo lo perdona. Además del mandato social que indica que la mujer debe acompañar a su pareja en las buenas y en las malas".

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