El 25 de enero de 1997 asesinaron y quemaron el cuerpo de Cabezas, cerca de Pinamar. Lo habían secuestrado a la salida de una fiesta del empresario postal Oscar Andreani, en un operativo supervisado por el jefe de custodia de Alfredo Yabrán, el ex sargento Gregorio Ríos. También participaron de ese crimen cuatro delincuentes comunes, integrantes de la Banda de los Horneros; el comisario de Pinamar, Alberto Gómez, y dos de sus subordinados.

Gladys Cabezas, hermana de José Luis, dice a Clarín que "cuando fue el crimen, yo estaba veraneando con mis padres en una casa de mis tíos. En la radio esuchamos que habían asesinado a un periodista de Noticias. Yo no pensaba que era mi hermano, pero al rato dieron su nombre y fue un caos, no entendíamos nada".

En esos días pasaban cosas extrañas, debido a que Cabezas y el periodista Gabriel Michi estaban tratando de entrevistar a Yabrán en Pinamar, para la revista Noticias, y no podían conseguirlo. Les habían tajeado una goma del auto, durante una guardia para ubicar a Yabrán, y su custodia le había impedido a Michi ingresar a una parrilla donde estaba su jefe. Además el comisario Gómez le decía a Cabezas que era muy linda su hija, a quien no conocía, mientras el fotógrafo era alertado que gente de Yabrán rastreaba sus pasos.

"Ese 25 de enero la vida de una familia, la del periodismo argentino y la de todo un país iban a cambiar para siempre. También la mía", plantea Gabriel Michi, en su reciente libro Cabezas, un periodista, un crimen, un país. "Habían asesinado a un reportero gráfico en Pinamar y lo hicieron de la manera más brutal y mafiosa".

Hubo tres condenados a reclusión perpetua y seis a prisión perpetua; además del suicidio del instigador del crimen de Cabezas, el empresario postal Alfredo Yabrán, que contaba con la impunidad que le daba su cercanía al entonces presidente Carlos Menem, así como a otros dirigentes políticos, empresarios y eclisiásticos.

En diálogo con Clarín, Michi asegura que, "al principio, parecía que la Justicia se había puesto los pantalones largos, cuando los condenaron. Pero después no". La liberación hace dos semanas del policía bonaerense Gustavo Prellezo, que fue quien asesinó de dos tiros en el cráneo a Cabezas, fue "la coronación de la impunidad que rodeó al caso, porque tenían perpetua todos los asesinos. Pero primero cambiaron la carátula de la causa y con eso redujeron las condenas, más la aplicación del dos por uno y la buena conducta... Uno siente bronca, impotencia y una gran decepción, porque apostamos a la Justicia", asegura Michi. "Me impacta la impunidad que hubo con este crimen, porque los jueces dejaron a los asesinos libres", concluye la hermana de José Luis, Gladys Cabezas.

Por Alejandro Alfie de Clarín.

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