¿Ahora qué hacemos? El mismo interrogante se deben haber planteado las autoridades de Jujuy hace 72 años, pasada la catástrofe histórica de Volcán, la localidad más castigada. Pero por una causa u otra, los días, los meses, los años, fueron pasando en la inacción, esas autoridades se cambiaron, la vida siguió su curso y el recuerdo de lo ocurrido se fue diluyendo hasta casi perderse en la memoria del pueblo. Hubo luego aludes, inundaciones en otros pueblos, Purmamarca, Humahuaca, Tilcara, pero no de la magnitud de aquél y que también pasaron al olvido después de los desastres del momento.
Hasta que hace unos días, los derrumbes, aludes e inundaciones estallaron de nuevo con igual o peor violencia y consecuencias magnificadas; muertos, evacuados, viviendas destruidas, familias con pérdidas totales, rutas intransitables, turistas aislados, pasajeros locales e internacionales varados, desabastecimiento en las poblaciones, cortes de electricidad. Todo este panorama desastroso hecho visible al mundo por la inmediatez de los medios de comunicación, ya que para colmo, coincidía con una etapa del Dakar que debió suspenderse.
Además, las consecuencias no fueron sólo materiales. En lo cultural, la postergación de actividades del Enero Tilcareño y la suspensión del XXXIV Encuentro de Copleros en Purmamarca, entre las más notables. Ni hablemos de los bienes culturales tradicionales de esta época. La cultura no es mensurable en términos económicos, publicitarios ni empresariales y evaluar o cuantificar lo perdido en este caso es absurdo.
Así, estamos en la misma situación de 1945, pero urgidos por dos factores: la temporada de lluvias que ha principiado, con todo lo que puede traer aparejada todavía, y la temporada turística de verano que también recién comienza, con el riesgo de verse frustrada; junto al fantasma del retraimiento turístico para el resto del año.
Entonces, hay soluciones y decisiones que tomar, a corto y a largo plazo. La reconstrucción de las viviendas afectadas en el mismo o en otro lugar; salvar en lo posible la temporada turística de verano, restaurar la imagen turística nacional y mundial de la Quebrada para lo sucesivo; la apertura de caminos alternativos para el tránsito y abastecimiento como puede ser la terminación de la ruta provincial 73 a Libertador junto a la habilitación de la ruta interprovincial Humahuaca - Orán, a fin de que Volcán deje de ser el cuello de botella de la circulación vial; instalar conexiones energéticas alternativas que no sean grupos electrógenos; construir defensas donde sea necesario; atacar el problema desde su raíz con los modernos medios tecnológicos e iniciar una campaña masiva de forestación en cerros y quebradas, especialmente en lugares sensibles. ­Tanto para hacer, en tan poco tiempo, y con escasos medios, me dirán! Pero si se quiere, se puede, con orden, método y previsión. En cuanto a recursos, de ese costo no todo debe recaer sobre la provincia.
A grandes males, soluciones heroicas. Ahora es cuando la Nación debe traernos la reparación histórica que le debe a la Quebrada de Humahuaca, desde los muchos combates librados durante la guerra de la Independencia y en la guerra invasiva de la confederación Peruano-Boliviana; contiendas bélicas sufridas por su suelo y sus habitantes hasta el supremo sacrificio del Exodo y que le valieron ser punto central del Bicentenario de la Independencia Argentina en el 2016, con la presencia del mismísimo Presidente de la Nación al pie del Monumento a la Independencia.
Hablando de Bicentenarios, para este reconocimiento debido es una coyuntura favorable que este 2017 sea en Jujuy y Salta el Año del Bicentenario del Combate de Humahuaca, librado por el héroe humahuaqueño Gral. Manuel Eduardo Arias, algo que Jujuy debe aprovechar para proyectar esta celebración a nivel nacional y lograr obras, especialmente para la Quebrada, a fin de que no un acontecimiento así no quede únicamente en lo declamatorio.
Y nosotros los jujeños, debemos ser conscientes de que ahora la Quebrada de Humahuaca ya no es un conjunto olvidado de pueblos dormidos, allá en el Norte, habitado por coyas, llamas y cardones. Ahora tiene importancia cultural y económica, es nada menos que un Patrimonio de la Humanidad; por lo tanto es nuestro deber preservarla y mejorarla para las nuevas generaciones.
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