Más de 3.000 migrantes y refugiados murieron o desaparecieron en el mar Mediterráneo en 2017 mientras intentaban cruzar a Europa para escapar de la guerra, la represión o el hambre en sus países en África, informó ayer la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Según la OIM, hasta el 26 de noviembre, al menos 3.033 personas fallecieron o desaparecieron en su peligroso escape a Europa, lo que equivale a un promedio de 10 muertes por día.

La cifra es inferior a la del año anterior, cuando al menos 5.143 personas murieron en las agitadas aguas del Mediterráneo. Sin embargo, esa reducción no es síntoma de que la situación haya mejorado, destacó la OIM en su informe, publicado en su página web.

"Esta última noticia se suma a todo lo que sabemos sobre el mercado de esclavos abierto en Libia, las privaciones a las que son sometidos por los traficantes de personas en la ruta hacia la costa mediterránea y las difíciles condiciones en los centros de detención libios", explicó el director general de la OIM, William Lacy Swing, desde Ginebra, al presentar el informe.

Swing señaló la indignación internacional que provocó la semana pasada la cadena de noticias CNN, cuando mostró imágenes de un mercado de esclavos subsaharianos en algún lugar de Libia.

"Debemos poner fin a estas prácticas y gestionar la migración en modo seguro y regular para todos", aseveró el líder de la OIM.

Mientras la situación humanitaria se vuelve cada más dramática del lado africano, en territorio europeo el drama de los refugiados y migrantes africanos parece haber perdido fuerza mediática y política.

En parte se debe a que este año también se redujeron las llegadas. Mientras 387.895 africanos llegaron a las costas europeas en 2016, hasta el día de hoy sólo 174.509 personas lograron alcanzar el continente.

Sin embargo, la caída de esta cifra no significa que menos personas hayan querido huir de sus países, sino que cada vez son menos los que son rescatados por la Marina italiana o por organizaciones humanitarias, como Médicos sin Fronteras (MSF).

Desde el inicio de la llamada crisis de refugiados, que estalló en 2015 con la llegada de más de un millón de personas a Europa -una cifra ínfima si se tiene en cuenta los flujos en Medio Oriente, Asia y África-, las autoridades de la UE tratan de arribar a un acuerdo para disminuir la llegada y la presencia de inmigrantes.

El intento de reparto de los refugiados, hacinados en Grecia e Italia -las principales puertas de ingreso a Europa desde Medio Oriente y África, y dos países en crisis económica-, fue rechazado por decenas de países del bloque y desencadenó una crisis tanto entre los socios europeos dentro de los gobiernos locales.

 

 

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