Macri acrecentó su  poder y mira a 2019

Amparado en una desgastante polarización con Cristina y en medio de una maratón de detenciones de exfuncionarios kirchneristas, Mauricio Macri tuvo un 2017 en el que pareció literalmente blindado ante los ojos de la opinión pública.

El Presidente, pese a los magros resultados económicos exhibidos hasta ahora, sumó poder aceleradamente durante este año: aumentó la bancada oficialista en el Congreso, pintó de amarillo provincias históricamente peronistas, alineó a la mayoría de los gobernadores y quedó posicionado como el principal candidato al sillón de Rivadavia para 2019. Ese, sin lugar a dudas, es su gran objetivo para lo que resta de su mandato.

El abultado incumplimiento de la meta inflacionaria, que sería del 17% y no bajará del 24%, no lo afectó. Tampoco el altísimo endeudamiento externo que tomó, con un insólito bono a cien años incluido. Las idas y vueltas con el Correo Argentino, propiedad de su padre, no le quitaron imagen positiva pese al escándalo que provocó la condonación de sus obligaciones. La desaparición y muerte de Santiago Maldonado, en su momento adjudicada a la Gendarmería, no le quitó credibilidad, cosa que sí ocurrió con la ministra de Seguridad Patricia Bullrich y el ministro de Justicia Germán Garavano.

Macri, asesorado por el ecuatoriano Jaime Durán Barba, diseñó toda su estrategia electoral en una especie de plebiscito entre "el pasado" y "lo nuevo". "Es Macri o la vuelta del kirchnerismo", instaló Cambiemos durante toda la campaña, a sabiendas que cerca del setenta por ciento de la gente tiene una mala percepción de la exPresidenta y que eso pesaría más que cualquier medida política que se haya tomado. ¿Hasta cuándo será efectiva esa confrontación? Es uno de los interrogantes más difíciles de contestar en la actualidad.

Otro de los grandes logros del macrismo fue el desilachamiento del Frente Renovador, dejando a Sergio Massa -un competidor directo para 2019- sin un cargo que le permita levantar el perfil de cara a los próximos dos años. El líder del Pro, que ya cuenta con el respaldo del radicalismo y la Coalición Cívica, tiene pocos rivales de peso que puedan poner en riesgo su proyecto reeleccionista.

El jefe de Estado tiene para 2018 un desafío mayúsculo: pese a la brusca caida de los últimos días, debe incrementar los niveles de aceptación actuales en un año en el que se descuenta que el ajuste en las cuentas públicas va a profundizarse fuertemente en materia de jubilaciones y también de un bajo techo a las paritarias que rondaría el 16 por ciento. El sindicalismo peronista -que tuvo un 2017 para el olvido- jugará en este contexto un rol clave, ya que muchos de sus dirigentes tienen un aceitado diálogo con el Gobierno pero que deberán combinarlo con una mayor escucha de sus bases, que piden medidas más estrictas en contra del ajuste.

 

 

 

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