El fin del tiempo de los anuncios

No fueron los radicales. Ni los massistas renovadores. Mucho menos los de la izquierda moderada, los del MPJ o las otras dos docenas de sellos de partidos pequeños que integraron el Frente Cambia Jujuy. Fue Gerardo Morales.

Él gano las elecciones. Aunque la diplomacia política lo haya llevado a agradecer a todos por igual, por el triunfo en las Paso y en las generales. O tal vez, haya sido la necesidad -cada vez más imperiosa- de mostrar (o hacer creer) que "hay equipo". Tampoco fue su gabinete, que salvo excepciones muy marcadas y perfectamente identificadas por los jujeños, poco y nada aportaron a la resonante victoria en las urnas. Tal vez, le hayan aportado mucho más los desencuentros del peronismo, que dejaron en libertad de acción a grandes porciones de votantes desengañados y desorientados. Muchos derivaron a la Izquierda convocados por la figura nueva de Alejandro Vilca. Y muchos también, mordiéndose, se resignaron a acompañar al oficialismo.

Con el nuevo triunfo de Cambia Jujuy, ocurrieron tres cosas: 1) se clausuró el tiempo de hablar de la herencia recibida y de culpar de todos los males a "la matriz de corrupción que el kirchnerismo había instalado en la provincia durante doce años". 2) Se clausuró también el tiempo de las promesas y los anuncios espectaculares que se prolongaron más de dos años usufructuando exageradamente el envión del triunfo del 2015.

El ejemplo clásico terminó siendo el famoso y casi nonato Plan Belgrano. También fue el fin del enraizado hábito de firmar convenios cada sesenta minutos dibujando proyectos en el aire, muchos de los cuales -la gran mayoría- hoy no resistirían ser revisados sin caer en el descrédito y el desaliento. 3) Para el Gobierno comenzó el tiempo de hacerse cargo de todo lo que ocurra en la vida pública. De lo bueno y de lo malo. De la paz social, de la normalidad en el pago de sueldos, de los esfuerzos por transformar a Jujuy en una provincia solar, del sueño de una "provincia verde", de la incipiente obra pública que asoma con cierta energía. También de la falta de crecimiento concreto y de generación de empleos genuinos fuera del Estado, del endeudamiento feroz, de las inevitables dudas que algunos proyectos generan en la sociedad -como el proyecto del parque natural de los diques, y el destino final del Ingenio La Esperanza- y de muchas acciones instaladas a marcha forzada, usando tanto a la Legislatura, de tal suerte que el Parlamento dejó de actuar como caja de resonancia de todos los sectores de la sociedad, y salvo excepciones, se comportó como una jefatura de despacho de la Gobernación, ya ni siquiera como su escribanía. Pero ya está. Estamos aquí, y mientras el Gobierno del presidente Mauricio Macri inició en octubre su verdadero gobierno, en Jujuy, con el gobernador Gerardo Morales ocurre casi lo mismo.

El Partido Justicialista busca su destino. Tras una serie de derrotas terribles, coronó el año salvando la ropa, con 12 diputados, un puñado de intendencias y comisiones municipales, y la única noticia alentadora de haber normalizado su situación partidaria institucional.

Hoy el presidente del PJ, el diputado Rubén Rivarola, iniciará un período de lamerse las heridas, e instalar hacia adentro la tarea de la reconstrucción de la autoestima y el respeto. Hacia afuera, será más difícil: recobrar la confianza del electorado, iniciar el recambio generacional sólido que se traduzca en oferta electoral creíble. Los otros actores, tienen lo suyo.

La Izquierda de los trabajadores referenciada en Alejandro Vilca y Natalia Morales, debuta en la vida parlamentaria. A pesar de su expresa línea de pensamiento y acción, deberán saber que muchos de sus votos, (la mayoría), son prestados. Por cansancio, por castigo, por hartazgo, pero les llegaron prestados. Y por jujeños que mayoritariamente repudian algunos métodos que surgen de sus persistentes ideas de "ganar las calles", "alentar la lucha popular y de clases", y "llegar al enfrentamiento si fuera necesario". De no aprender la moderación y la modernización de esos métodos, y el rechazo a toda forma de violencia, el FIT se esfumará antes de las próximas elecciones. El Fuyo es un espejo donde mirarse: sin acceso al poder político y económico, asfixiado por Gerardo Morales, el frente tupaquero transita por los últimos tramos de una cornisa que se termina en el 2019, de no mediar enormes sorpresas.

Así está Jujuy hoy. En el oficialismo jujeño, parafraseando lo que se dice de la selección nacional de fútbol donde se hablaba de Mascherano y diez más, en el Gobierno local, se trata de GM y un montón más, van llevando la gestión. Pero esto, ni en la selección, ni en el Gobierno, puede durar y tener éxito o suerte, por un tiempo indefinido. El 2018 lo dejará claramente demostrado.

 

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