Museo Soto Avendaño

Los museos de Tilcara enriquecieron la propuesta de esta temporada estival con muestras que son otra de las alternativas que se ofrecen a propios y visitantes. Así fue inaugurada la de imágenes religiosas de Eduardo Escobar, con el acompañamiento de copleros, músicos y audiovisuales de Espantos Producciones.
Las obras de Escobar ahondan en esa vertiente nacida con la misma evangelización de nuestro suelo, cuando los pueblos nativos resignificaron con su hacer plástico la simbología cristiana. Así nace un arte religioso que no sólo expresa los contenidos universales de la experiencia de la fe católica, sino a través de su propio molde cultural. Respetuoso de esta tradición, como un nombre más dentro de una larga tradición de manos anónimas, las de Eduardo Escobar, en este caso acompañado por la imaginería más heterodoxa de Ricardo Dubin, nos presenta un mundo en el que la religiosidad local proyecta su profunda experiencia. Sus obras se expusieron en el marco del cumpleaños del museo Soto Avendaño, convirtiendo la muestra en una verdadera fiesta para todos los que estuvieron presentes en su presentación.

Una de las muestras del Terry también tiene que ver con un aniversario, el de la fundación, hace sesenta años, de la Asociación Amigos de Tilcara. Allí se expone la colección de pinturas que conserva, con obras mayores de nuestro arte como las de Antonio Berni, José Armanini, Monzón Titicala, Medardo Pantoja, José Luis Pelegrini, Carolina Álvarez Prado y tantos otros nombres que le legaron sus trabajos. La muestra es de una riqueza apabullante y su variedad es reflejo de lo que la Asociación brindara, como Casa del Artista, en tanto que albergue para pintores que, décadas atrás, quisieran visitar Tilcara.
Podríamos detenernos en la mujer con el niño ocultos en el ocre de Titicala, la iglesia de Tilcara vista por Armanini, la perspectiva impresionista de Ricardo Pedroni, la despensa de Antonio Fortunato, la mirada de la muchacha de Pellegrini, el imprescindible retrato de una abuela en lápiz de Pantoja o el niño jugando a las bolillas de Berni. Lo mismo da. Sea cual sea la obra que elijamos, el aporte de la pieza es mayor. En conjunto, la muestra es un museo que alberga una variada colección de grandes firmas de nuestras artes plásticas argentinas.
Otra de las salas nos presentó los trabajos de Coco Vadrot, una artista francesa con taller al sur de Maimará. Su pincelada, que tiene el aspecto de la iconografía oriental, nos pasea por un entorno cósmico que sugiere múltiples interpretaciones. Cuidada, con tonos de lograda belleza, la de Vadrot es una experiencia para quedarse un tiempo observándola permitiendo que la ósmosis de sus trazos nos penetre.

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