A mí no me molesta que me tilden de condesa tropical, nos dijo doña Pauperia Limerén, porque de ese modo me hace pensar que soy de la nobleza brasilera, que se me hace más divertido que ser condesa de Huacalera, título que, como les dije, nadie me reconoce. Como sea, no tuve ni hijos ni sobrinos para que nos preocupe.Para vivir tenemos con el almacén de la familia de papá, de quien no llevamos el apellido porque ser Limerén es ser Limerén, no hay caso. Pero quien les dice, nos dijo como si a su edad pudiera cambiar las cosas. Para mí lo que importa es la pertenencia. Nadie me puede confundir con una cualquiera, agregó.

Ya estábamos comiendo la segunda docena de empanadas y la empleada del boliche nos sugirió que canceláramos las consumidas antes de pedir más, pero doña Pauperia sacó la billetera, que abrió medio escondida tras la mesa, y allí no había ni un sucio billete.
Miren que querer cobrarme a mí, dijo medio ofuscada cuando Armando, que en el fondo era un caballero, le dijo que no se preocupara y doña Pauperia le obsequió una sonrisa coqueta que había olvidado todos los años que ya vividos. ¿No se le puede yapar una gaseosita?, le dijo entonces a mi compadre Armando. Me estoy muriendo de sed, le dijo con algo de vergüenza.
Armando, que algún día contaría por ahí que le pagó dos docenas de empanadas y una gaseosa a la condesa de Huacalera, le dijo que no se preocupara, le pidió una a la moza y, guiñándole el ojo, le dijo que sea de las caras. La dama no está acostumbrada a tomar cualquier cosa, dijo.

 

¿Qué te pareció esta noticia?

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...