El extraterrestre que le había comprado la fruta marrón con pintas verdes al Puerco Gómez, me contó que en su planeta se promociona el turismo a la Quebrada, pero que nadie le había dicho que aquí no había nada que le gustara para comer,  así que decidió plantar esa fruta en la chacra el Puerco.

¿Y hay muchos de ustedes por acá?, le pregunté para sacar tema de conversación. Qué se yo, me dijo, yo me vine solo, pero capaz que haya otros. Para nosotros es fácil movernos de un lado a otro, y siempre estamos buscando nuevos destinos donde gastar nuestro dinero. ¿Y dónde queda su planeta?, quise saber.

El extraterrestre miró hacia el cielo con sus tres ojos brillantes, y me aseguró que de noche me podría indicar, porque su sol era una de nuestras estrellas, y mientras le pegaba un mordiscón a la fruta, haciendo un ronroneo que parecía querer decir que le gustaba, apareció tras nuestro el Puerco Gómez.

El Puerco me señaló lo extraño de ese hombre, y dijo que vea como quedan después de comer esa fruta, ¿no le dije? Yo no quedé así, soy así, le dijo extraterrestre. Los raros son ustedes, agregó, ¿cómo pueden ver todo lo que tienen con sólo dos ojos? Pero en cuanto lo decía también se hizo presente la Norma Gómez, prima del Puerco por parte de tía, pidiéndonos, con una sonrisa exagerada, que le presentemos al amigo.

Sólo sé que es de otra galaxia, le dije sorprendido de su interés cuando la muchacha, tendiéndole la mano, me respondió que con tres ojos ninguna mujer puede decir que un hombre no le presta atención.

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